Corregimiento Altavista, occidente de Medellín: sitiado por la violencia

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Controles armados, constantes enfrentamientos y amenazas a los más jóvenes son algunas de las situaciones que enfrentan a diario los habitantes de Altavista.
Ni el incremento de efectivos de la Fuerza Pública, ni el acompañamiento permanente brindado por la Secretaría de Gobierno de Medellín, ni las valerosas denuncias formuladas por la comunidad han logrado contener la ola de violencia que azota al corregimiento Altavista, occidente de la ciudad, desde mediados del año pasado y que hoy tiene a los pobladores sumidos en un estado permanente de zozobra.

Y no es para menos. Reportes oficiales señalan un recrudecimiento de los enfrentamientos armados entre grupos delincuenciales que operan en la localidad que ha derivado no sólo en el incremento de los homicidios, sino también en las intimidaciones a los habitantes, en las restricciones a la movilidad, en las agresiones sexuales contra las mujeres y en una persistente situación de temor.

Para entender la complejidad de la situación basta decir que entre enero y febrero del presente año el Instituto de Medicina Legal reportó un total de siete asesinatos, los mismos que se han registrado tan sólo en los últimos ocho días, siendo la vereda Aguasfrías y el sector de Guanteros los más afectados por esta situación. En todo el año 2009, Altavista registró un total de 25 homicidios contra un total de 18 cometidos en 2008.

El pasado 5 de marzo, la Agencia de Prensa IPC denunció la circulación de panfletos en los que se amenazaba de muerte a cerca de 20 personas entre jóvenes y docentes de la localidad, entre ellas la vicerrectora de la Institución Educativa Cedepro. El hecho motivó una reunión especial en las instalaciones de la Institución Educativa entre el secretario de Gobierno, Juan Felipe Palau; el subsecretario de Orden Civil de la Secretaría de Gobierno, Jorge Ceballos; la personera delegada para los Derechos Humanos, Patricia Aristizábal y la comunidad.

Ese día, los habitantes denunciaron cómo en el transcurso de los últimos seis meses los integrantes de los grupos delincuenciales se enfrentaban a cualquier hora del día, incluso en inmediaciones de los colegios, lo que generó gran traumatismo en las actividades académicas. Las quejas también hacían referencia a las amenazas proferidas contra jóvenes escolarizados y cómo en algunas zonas del corregimiento, especialmente en la parte alta, se estaban imponiendo toques de queda ilegales.

Pero pese al compromiso adquirido por el Gobierno Municipal y la Fuerza Pública, la situación poco o nada ha cambiado desde entonces. Denuncias recepcionadas por la Personería de Medellín advierten que, tras la reunión con las autoridades, varios pobladores que se atrevieron a divulgar públicamente los graves hechos que afectan al corregimiento fueron objeto de nuevas intimidaciones.

La Agencia del Ministerio Público también ha podido constatar el uso de fusiles y armas de largo alcance en los enfrentamientos armados que tienen lugar entre los grupos delincuenciales que hacen presencia allí. Para la Personería, es de suma gravedad que los habitantes refieran la presencia de hombres extraños que se hacen pasar por miembros de la Fiscalía y que por lo menos en uno de esos casos se mencione la participación de un soldado del Ejército nacional.

Las preocupaciones de esta Entidad también giran en torno a los casos conocidos por violencia sexual contra las mujeres. El hecho más reciente se presentó el pasado 18 de marzo, cuando en horas de la mañana, una joven de 18 años fue abusada sexualmente en zona rural de la vereda Buga.


Disputas y controles

A principios de la década de 2.000, Altavista fue escenario de fuertes confrontaciones armadas entre miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), reductos de milicias urbanas ligadas a las guerrillas y delincuentes comunes. Si bien aquellos años fueron difíciles, los habitantes de este corregimiento aseguran que lo que hoy están viviendo por cuenta de la violencia, no tiene comparación.

"Es una violencia distinta. Antes, por lo menos uno conocía a los actores del conflicto, pero hoy no. Hay mucho menor de edad involucrado, mucha persona que uno sabe que no es de por aquí y eso genera más temor”, señaló un líder comunitario del corregimiento que, por motivos de seguridad, decidió omitir su nombre.

De acuerdo con el líder, los primeros síntomas de deterioro del orden público lo constituyeron las amenazas proferidas contra líderes comunitarios del barrio Nuevo Amanecer, parta baja del corregimiento, por parte de hombres pertenecientes a un grupo armado al servicio de alias Valenciano.

Las intimidaciones, que también se produjeron mediante panfletos, se registraron a mediados del mes de octubre de 2009. En noviembre de ese mismo año, los líderes debieron abandonar el barrio. Lo que vino luego fue una férrea confrontación entre grupos armados en todos los sectores de Altavista.

“Hubo partes que siempre fueron muy tranquilas como La Esperanza y La Palma. Pero de un momento a otro, todas las veredas se volvieron muy peligrosas. La cosa se puso peor cuando mataron en enero de este año a (alias) ‘Gabelo’, que era el ‘duro’ de por aquí, el que manejaba un poco de pelados”, cuenta el líder comunitario.

Pero, ¿Qué es lo que está en disputa en este corregimiento ubicado al occidente de Medellín? Analistas consultados por la Agencia de Prensa destacan que además de la confrontación por las rentas ilegales, derivadas de la extorsión a comerciantes, transportadores y venta de alucinógenos, existe una férrea pelea por el dominio del territorio dado su estratégica posición geográfica.

Altavista limita con los corregimientos de San Antonio de Prado y San Cristóbal, éste último ruta de salida al Golfo de Urabá. De igual forma, conecta con la comuna 13 de Medellín, configurándose así un corredor propicio para actividades ligadas al micro-tráfico de estupefacientes, transporte de armas, entre otros. De hecho, en el pasado esta zona fue utilizada por el bloque Cacique Nutibara de las Auc para transportar armas e instalar campamentos en los que entrenaban combatientes.

A esto se suma que por la vereda Buga-Patio Bonito atraviesa un poliducto de Ecopetrol que transporta gasolina y que, según las versiones del líder comunitario, es usado por los grupos delincuenciales de la zona para extraerle combustible ilegalmente.

“Hace como un mes las autoridades descubrieron una llave allí y claro, por esa platica es que se están matando los pelados”, afirmó la fuente. Para uno de los analistas consultados, que también optó por reservarse su identidad, lo que pasa en Altavista no se desliga de lo que sucede en todo el occidente de Medellín.

“Hacer un lectura de lo que pasa allí implica también observar cómo es la dinámica de bandas como La Agonía, en la comuna 13, o de otras bandas en (el corregimiento) San Cristóbal. A veces reducimos el conflicto a decir que es por culpa de Sebastián y Valenciano, pero en este caso creo que estamos ante fenómenos más relacionados con el dominio de micro-territorios para configurar un poder”, agregó el analista.

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