“Cómo sos joven, todos creen que das bala”: desplazado de la comuna 13

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Se estima que en Medellín, más de 2.400 personas han tenido que abandonar sus barrios forzosamente.
A su corta edad, Juan* siente que tiene muchas cosas por las cuales enorgullecerse: es uno de los presidentes de juntas de acción comunal más jóvenes de la ciudad; fue condecorado por el propio alcalde Alonso Salazar como joven ejemplar de Medellín, adelanta estudios superiores pues anhela sacar adelante a su familia y a pesar de crecer en uno de las zonas más conflictivas de la cuidad como lo es la comuna 13, nunca quiso (ni sabe lo que es) empuñar un arma.

 

Sin embargo, nada de lo anterior le sirvió para protegerse de los efectos perversos de un conflicto armado que desangra todos los barrios de la comuna 13. A principios del mes de agosto, Juan debió abandonar su vivienda ubicada en el barrio La Divisa por amenazas contra su vida. Él hace parte de ese grupo de más de 15 líderes comunitarios amenazados en los últimos meses, muchos de los cuales ya abandonaron la comuna.

 

En su caso, Juan sigue sin encontrar respuestas que justifiquen su situación. Quizás su único pecado fue vivir en un territorio donde está prohibido que los jóvenes sean neutrales frente a una guerra que fuerzas externas quieren imponer. “Nos quieren meter al conflicto a las malas. Le dicen a los pelados: ‘o está con ellos o con nosotros o se va del barrio”, cuenta este líder comunitario, quien ahora pasa sus días encerrado en uno de los albergues que tiene acondicionado la Alcaldía de Medellín para las víctimas de desplazamiento forzado intraurbano, flagelo que crece de manera dramática en la ciudad.

 

Según la Personería de Medellín, en el primer semestre de este año se presentaron 615 casos de desplazamiento forzado intraurbano, que equivale a decir que 2.336 personas debieron abandonar forzosamente sus barrios. La comuna 13 encabeza la lista de las zonas más expulsoras y allí, sectores como Juan XXIII, La Quiebra, El Socorro y La Divisa figuran a su vez como los afectados por este fenómeno.

 

La Agencia de Prensa IPC logró dialogar con Juan y reproduce apartes de su testimonio, el cual refleja no sólo el grado de degradación que ha alcanzado esta guerra entre bandas criminales sino que además deja en evidencia las pocas herramientas con las que cuenta el Estado para enfrentar esta compleja amenaza.

 

“Me salvaron la vida”

“Yo estaba en una reunión de presidentes de acciones comunales por los lados de Juan XIII cuando don Oved*, el presidente de Asocomunal, que se había quedado afuera del salón, vio dos pelados muy sospechosos que entraban y salían. Él escuchó cuando uno de ellos dijo: ‘sí, ahí está, esperemos que salga para no calentar la reunión’. A mí ya me habían advertido que me estaban buscando para matarme pero yo no creía porque, pues, yo no me metía con nadie ni había hecho nada raro”.

 

“Yo le había comentado a don Oved lo de las supuestas amenazas. Por eso el se asustó mucho ese día cuando vio a esos pelados. Estaban muy sospechosos. Antes que terminara la reunión, él entró al salón y me dijo: ‘afuera hay unos pelados que yo sé que son de La Quiebra. Venga yo lo sacó de aquí sin que ellos se den cuenta’. Así fue. Él y yo salimos escondidos por otra salida que tenía el salón. Al otro día me contaron que, cuando se acabó la reunión, los pelados entraron al salón todos bravos preguntando por mí, que dónde estaba escondido el líder de La Divisa. En ese momento me di cuenta que la amenaza iba en serio”.

 

“Fui a la Fiscalía a denunciar que estaba amenazado y a pedir protección. Me dio mucha tristeza la respuesta que me dieron: según ellos, cómo no atentaron directamente contra mi vida, ni me hirieron, ni me golpearon o algo parecido, ellos no podía asumir que en efecto estuviera amenazado y que no podían darme protección. ‘Como usted, hay más de 3.000 casos en Medellín y le podemos asegurar que hay casos peores que el suyo’, fue lo único que me dijeron”.

 

“Entonces fui a la Personería de Medellín a poner la denuncia como desplazado y pedí que me consiguieran un albergue mientras resolvía mi situación. La verdad me daba mucho miedo volver al barrio. La Alcaldía me ubicó aquí donde estoy. Me vine solo. Días después una señora que vive por los lados del (barrio) Socorro, muy amiga de nuestra familia, le dijo a mi mamá que sabía, por buena fuente, que los pelados de La Quiebra iban a ir a mi casa a buscarme, porque ellos pensaban que yo estaba escondido allá”.

 

“Esos pelados son capaces de quemarle la casa si no encuentran a su hijo’, le dijeron a mi mamá. Le dije entonces que saliera del barrio, que se viniera para el albergue y ya ve, aquí estamos los dos. Ya vamos para 15 días aquí, sin poder salir, sin hablar con nadie del barrio, a duras penas con una tía y un amigo. Eso llevó también sin poder ir a estudiar porque, la verdad, me da miedo caminar por la ciudad. ¡Y como estaba de encarretado! Imagínese, estaba estudiando edición de video en la Universidad de Antioquia. Da mucha rabia que por culpa de estos malparidos (sic), sin uno tener que ver nada con ellos, uno tenga que cambiar de vida”.

 

“Hace como dos días me llamó don Oved, el señor que me sacó ese día de la reunión y me dijo: ‘mijo, cuídese que parece ser que ya saben donde está escondido usted’. Me pregunto si será verdad, pero eso me produce más miedo todavía. Volví y le dije a los de la Fiscalía que, al parecer, los que me quieren matar saben donde estoy y, ¿Sabe qué me dijeron?: ‘pues hermano, no de papaya’. Así no se puede”.

 

“A don Oved también lo amenazaron y parece ser que fue porque me ayudó a escapar ese día de la reunión. También se va ir del barrio. ¿Por qué me amenazaron a mí? ¡Ojalá supiera! Aunque, la verdad creo que porque soy joven. Yo era el presidente de junta de acción comunal más joven de la ciudad. A mí el Alcalde (de Medellín) me condecoró una vez. Es que las cosas en la comuna (13) están muy jodidas. A los jóvenes los quieren meter al conflicto a las malas. Le dicen a los pelados: ‘o está con ellos o con nosotros o se va del barrio’.

 

Jóvenes en la mira

“Imagínese que los pelados de La Quiebra antes vivían en mi barrio, La Divisa, y todos eran una sola banda llamada precisamente La Divisa. Pero el año pasado se dividieron y un combo se fue para La Quiebra. Hace como seis meses, los que ahora son de La Quiebra se unieron a La Agonía para darle duro a la banda del barrio. Entonces, muchos de La Quiebra saben donde viven los integrantes de la banda La Divisa, donde viven las familias, las novias y por eso es que se presentan tantos desplazamientos”.

 

“Ahora, ellos creerán que como yo conozco a los de la banda, también doy bala. Por aquí es así: sos un pelado, entonces das bala y por eso las fronteras. Aunque también creo que ellos pensarán que yo apoyo a la banda del barrio. Hermano, ¡pero es que trabajar aquí es muy duro! El jefe de La Divisa me buscaba cada rato y me decía: ‘parcero, necesito el salón comunal para celebrarle el cumpleaños al hijo’ y así cada rato. ¡Cómo le digo que no pues! Me negaba, me lo echaba de enemigo y ¿Entonces? Nosotros quedamos en medio de una guerra que ni siquiera sabemos por qué. Para serle sincero, por el barrio poquitas plazas de vicio hay; entonces, ¿Tanta bala por una puta plaza (sic)? ¡Ehh, yo no creo!”.

 

“Imagínese que un amigo mío y yo coordinábamos un grupo juvenil en el barrio. Hace como dos meses, los pelados de La Quiebra subieron a dar bala al barrio y le mataron el hermanito al amigo que yo le digo. ¿Por qué lo mataron? Simplemente estaba parado en la estación del Metrocable (Juan XXIII) esperando el bus para subir a la casa y los pillos pensaron que era uno de los ‘vigilantes’ de la banda. ¿Sabe qué es lo más triste? Los de la Divisa le están metiendo el cuento que cobre venganza, que ellos le dan armas, que le dicen donde está el asesino de su hermano, que si no lo mata, ese pelado lo va a matar a él”.

 

“¿Y sabe qué me dijo el amigo mío cuando hablé con él en estos días?: ‘parcero, me va a tocar dar bala. Aquí le están tirando a todo el mundo y si no me cuido esos hijueputas (sic) van a acabar conmigo y con todos nosotros’. ¡No sabe la tristeza que me dio! Yo sí le dije: ‘marica, pues como te vas a meter en eso, vos sos guevón. Te vas a dañar la vida en eso y a dañar el proceso tan bacano que llevábamos (sic)’. Pero hermano, allá las cosas para los jóvenes son así: o estás con uno, con el otro o te vas del barrio”.

 

“La verdad yo no sé que hacer. A mí me dieron una ayuda por 15 días y ya se me cumplieron. La Fiscalía me dice que me dan protección pero si declaro en contra de ellos. Y yo no lo quiero hacer. ¿Quién me asegura a mí que me van a proteger después? Si cuando les dije que me iban a matar lo tomaron en chiste, ¿Por qué ahora si vienen y me dicen que tengo que declarar y que ahí sí va a ver protección para mí y para mi familia?, ¿Quién me garantiza eso?”.

 

“En estos días viene mi hermano para acá también porque nos da miedo que se quede solo por allá. La casa quedó sola. Mi abuela y una tía van de vez en cuando a darle vuelta. Ojalá esos pelados no se queden con la casa. ¿Qué si eso pasa?, Claro, más de lo usted se imagina”.

 

“Y ya ve, me la paso aquí, encerrado, con mi mamá. Vamos a ver qué pasa. Tengo varios amigos concejales y voy a hablar con ellos a ver si me pueden ayudar. Lo que más quiero en este momento es estar en un lugar tranquilo, seguir estudiando, eso me encarreta mucho. Pero ya ve cómo le cambia a una la vida por maricadas (sic) que ni siquiera son con uno”  

 

*Nombres cambiados a petición de la fuente    

 

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