Un debate insulso, inmoral y grotesco

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Foto: revista Semana

Editorial por José Girón Sierra

Socio del Instituto Popular de Capacitación

Analista de paz del Observatorio de Derechos Humanosdel IPC

La paz es probablemente el tema político por excelencia, posiblemente el más.  La razón es apenas obvia: se trata de uno de los temas más englobantes y en el cual deben anidar los mejores intereses de una sociedad; también, las condiciones sociales y políticas más propicias para que los proyectos constructivos, tanto individuales como colectivos y tanto públicos como privados, encuentren las mejores condiciones para su concreción. La paz no es entonces la paloma que nos pintan, la paz está contaminada en el mejor sentido de política.

En la paz se explicitan entonces intereses y sobre todo modelos de sociedad que se construyen con la palabra como vehículo. Otros, se ocuparán de la guerra, pues es el otro modelo en el cual se dirimen intereses en la sociedad, con la gran diferencia de que en este caso se desatan las fuerzas de la destrucción  y la muerte y se sacrifica la palabra. Es sin duda el dilema y la encrucijada en la cual se encuentra el país sobre el rumbo que debe tomar.

En las dos últimas semanas los medios le han dado una relevancia inusitada a la confrontación twittera entre los ex presidentes Uribe y Pastrana con el gobierno del Presidente Santos. El tema es el actual proceso de paz. Asombra la pobreza argumentativa, el afán de protagonismo y los visos de una lucha de personalidades y vanidades en la que es imposible ocultar la animadversión personal que les asiste. No es descartable la idea de que detrás de lo insulso, grotesco e inmoral del debate, se oculte la defensa de un modelo de sociedad autoritario amenazado por la posibilidad de otro que contemple la opción democrática.

Que Uribe enarbole la bandera de la transparencia cuando fue el impulsor de  uno de los procesos de negociación más oscuros que haya vivido la sociedad colombiana, como el llevado a cabo con los paramilitares, y que Pastrana invoque el apoliticismo en el actual proceso, cuando su acceso al poder  estuvo atravesado por el anuncio de sus contactos con las Farc, señala que es un debate también inmoral.

Aunque se sugiera en los medios cierta insolvencia mental del expresidente Pastrana, es inaceptable que incurra en la afirmación de que el Presidente Santos carece de mandato para adelantar el actual proceso de paz. Sorprende que Andrés Pastrana ignore que la Constitución política de Colombia, y de manera concreta en su artículo 22, señala que “la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. Y esto lo es para todos y más para quien gobierna el país. Este artículo sin duda es uno de los más importantes de esta Constitución, pues fue hecha para hacer la paz y no la guerra, lamentablemente se ha convertido en la cenicienta en sus 22 años de existencia, casi ningún presidente lo invoca.

La paz no puede hacer parte de las vanidades politiqueras de nadie, tampoco de liderazgos que quieren mantener la sociedad anclada en un pasado de zozobra y oscurantismo. Una sociedad victimizada, como ha sido la colombiana al extremo, necesita que las posibilidades de una paz duradera sean tratadas con la seriedad debida, en la perspectiva de  que con ello se ayude también a cierta pedagogía sobre un modelo democrático de sociedad, fundamentada en la pluralidad y la diversidad; también reclama nuevos liderazgos que representen valores e intereses más incluyentes.

Bienvenido sea pues un debate más político y más argumentativo sobre los temas centrales que ha propuesto el acuerdo inicial entre gobierno y FARC. Bienvenido sea un debate electoral que incluya como tema central la construcción de una paz duradera.

 

José Girón Sierra

Abril 2 de 2013

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Periodista egresado de la Universidad de Antioquia. Candidato a Magister en Ciencia de la Información con Énfasis en Memoria y Sociedad, Escuela Interamericana de Bibliotecología de la UdeA. Coordinador de la Agencia de Prensa IPC desde el año 2012. Trabajando por esa Colombia excluida y vulnerada, por aquellos que no son escuchados y por la anhelada paz. Aficionado a la literatura, a las huertas y a las buenas películas.

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