Las contradicciones del capitalismo: entrevista con David Harvey

Traducción por Trommons.org 

 

El 9 de febrero de 2015 el reconocido geógrafo británico, David Harvey, crítico del capitalismo, visitó la ciudad de Medellín (Colombia) para participar en la Cátedra Abierta Hernán Henao Delgado, organizada por el Instituto de Estudios Regionales (INER) y el Departamento de Antropología de la Universidad de Antioquia. El tema central fue el “desarrollo geográfico desigual y la producción del espacio”. En su conferencia el académico explicó varios de los principales planteamientos de su más reciente libro: 17 contradicciones y el fin del capitalismo.

Este evento fue realizado como parte de la XXV Asamblea General de Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales -CLACSO y la VII Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales que se realizarán en Medellín del 9 al 13 de noviembre de 2015.

Gracias a la gestión del INER, la Agencia de Prensa IPC pudo entrevistar a Harvey en exclusiva. El geógrafo habló sobre la crisis del capitalismo y su impacto en América Latina, la concentración de la tierra en el contexto colombiano, la acumulación por desposesión en relación con la gran minería, y el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

 

IPC: Sr. Harvey, en su conferencia habló sobre la desigualdad, la pobreza, la falta de espacio de la justicia; sobre las tensiones y las contradicciones del capitalismo. ¿Cómo se puede reflexionar sobre esos temas en el contexto Latinoamericano?

DH: Bueno, no es nada difícil; puede verse donde quiera que vayas. En la mayoría de las ciudades que he visitado en Latinoamérica recientemente (en Brasil, Chile, Argentina, Ecuador), existe un sector de la construcción muy desarrollado que está edificando muchísimas viviendas para gente muy rica en medio de sociedades donde las condiciones habitacionales no son buenas para la mayoría de la población. De modo que uno se pregunta: ¿cómo es que al capital le gusta producir grandes edificios y crear megaproyectos que favorecen a los ricos y por qué los capitalistas no hacen nada por los pobres? La respuesta es que, en definitiva, eso es el capitalismo: un sistema dividido en clases donde la clase capitalista se reserva todas las ventajas, principalmente a costa de las clases inferiores.

IPC: Usted dio entender que la expansión de las ciudades es útil a la expansión del capitalismo. ¿Qué tan estrecha es esa relación y qué sectores hacen parte de esto?

DH: A quien más le preocupa la cuestión de cómo disponer de liquidez o del dinero excedente es al sistema bancario, de modo que los banqueros están constantemente buscando formas de gastar el dinero que resulten lucrativas para el banco. Obviamente, el desarrollo urbano y los bienes inmuebles son históricamente una buena inversión, siempre que no se les vaya de las manos. De modo que se ve surgir una coalición entre las instituciones financieras, los constructores y los intereses del sector que realmente empuja el desarrollo urbano, pero para que sea posible un buen desarrollo urbano se necesita inversión en infraestructura. Entonces, al mismo tiempo presionan a los municipios, gobiernos regionales y nacionales para que inviertan mucho en infraestructuras, en concreto en autopistas y medios de comunicación en general, pero al final también en cosas como el alcantarillado y el abastecimiento de agua, que dependen de las instituciones públicas, de tal forma que se llega a crear una alianza de fuerzas. La palabra con la que se denominaba esto en EEUU es «máquina de crecimiento urbano», una alianza de toda esta gente que puja con fuerza por el desarrollo urbano. Aquí están incluidos los terratenientes, los propietarios, los constructores, la gente de las finanzas, el gobierno local –a quien también le agrada el desarrollo porque revierte en más impuestos–, de tal forma que esta “máquina de desarrollo urbano” se ha convertido en un elemento muy sólido en la sociedad capitalista a lo largo de los últimos cuarenta o cincuenta años.

IPC: Acerca de su experiencia en Medellín, teniendo en cuenta que es una ciudad que trata de venderse desde la innovación y de presentar su marca para ser percibida por su desarrollo, ¿cómo cobra significado la experiencia de lo que usted ha visto en las «comunas» en términos de la acumulación del capital en las ciudades?

DH: Diría que es bastante predecible que al menos la mitad de la ciudad estará poblada por gente con ingresos muy bajos. Esas partes de la ciudad estarán además muy mal abastecidas de infraestructuras, equipamiento urbano y servicios sociales. Esta es una configuración típica según la que se organizan muchas ciudades ahora, y en los peores casos se llega a ciudades duales: por un lado la ciudad de los pobres y por otro la de los ricos. En ocasiones existe una clase media entre ambas, pero el crecimiento urbano está muy dividido por clases y en general los gobiernos locales favorecen los intereses de los negocios por encima de los de la gente. Se favorece el abastecimiento de buenos servicios al pueblo rico y el pueblo pobre viene al final. Si sobra algo, entonces puede llegarles alguna cosa; es la forma en que funciona el crecimiento urbano capitalista.

IPC: Aunque no haya estudiado el caso colombiano en particular, quizá pueda compartir una reflexión sobre la acumulación por desposesión en el contexto de Colombia

DH: La desposesión puede darse de distintas maneras. Puede producirse de forma ilegal, como hemos visto a menudo en Colombia. También puede darse de forma legal, a través del poder de expropiación del estado por razones como problemas medioambientales o de desarrollo, de modo que se expulsa a la gente de un territorio y quedan desposeídos tanto del territorio como de sus redes sociales y comunidades. Puede asimismo ocurrir de forma legal a través de procesos de mercado. Alguien va adquiriendo terrenos y gradualmente utiliza las posesiones que ha acumulado para construir y establecer un condominio para gente muy rica que le proporcione altos porcentajes de beneficios. Se pueden por tanto usar diversos trucos legales. Mi antigua universidad en Baltimore, por ejemplo, tiene un gran hospital. Quería el terreno que rodeaba el hospital, de modo que utilizó lo que llamamos «sociedades pantalla» para no ser reconocida y compró las viviendas cuando estuvieron disponibles. Las compraba y las dejaba vacías, lo que reducía el valor de las otras viviendas del vecindario y así compraba otra casa; pronto quedaba un bloque de casas con muchas viviendas aisladas donde se introducían drogadictos, lo que las deterioraba enormemente. Se trata de un deterioro gestionado que permite que, en determinado momento, la ciudad diga: «Vaya, ese bloque de casas es horrible, ¿qué hacemos con él? Obviamente deberíamos dárselo a la Universidad para que se desarrolle.” Por lo tanto, hay muchos mecanismos de desposesión, algunos se ven fácilmente y otros son mucho más complicados, ya que implican este tipo de maniobras, aunque ocurren continuamente. Ahora mismo hay un gran interés global en el territorio y existe una expresión que está surgiendo como algo muy importante, que es lo que llamamos «acaparamiento de tierras». A veces son los gobiernos, como en el caso de China en África, otras veces son grandes empresas privadas o los fondos de pensiones quienes compran terrenos y, en algunos casos, fuerzan a la gente a irse de un determinado lugar. Suele tratarse de terrenos que están en propiedad por medio de acuerdos de tipo tradicional que luego no se pueden aplicar. De modo que la acumulación por desposesión ocurre de muchas formas sobre el territorio y a través de la adquisición de terrenos.

IPC: ¿En Colombia, qué estrategias se le ocurren para intervenir o mejorar este tipo de desposesiones?

DH: Bueno, solo hay una estrategia que funcione: la organización política, pero está claro que en Colombia eso es imposible hacerlo, ya que si te organizas políticamente es probable que te maten. Creo que sigue siendo así. Se trata de un proceso muy difícil de parar aquí, dado que los movimientos de oposición no son muy numerosos ni muy honestos tampoco y, cuando se organizan, a menudo también llevan a cabo prácticas de desposesión. Se trata de una situación muy dura y muy difícil. Creo que la única esperanza es que, en algún momento, una generación más joven –la suya, por ejemplo– decida rechazar todo esto y se proponga defender los derechos territoriales y a la población que queda marginada y desposeída.

IPC: En el caso de América Latina, ¿cómo empeora este modelo de exportaciones, extracción de materias primas y explotación del medio ambiente los procesos de acumulación por desposesión?

DH: Veamos, si hay un interés colectivo en ganar dinero a través del comercio externo porque se necesita equipamiento de alta tecnología, teléfonos, computadoras, todas estas cosas, entonces es perfectamente comprensible que comercies con aquello que tienes. Si eso son recursos minerales y energéticos, entonces puede ser de interés colectivo explotar esos recursos y comerciar con ellos, ya que necesitas esos otros bienes a cambio. De modo que no comparto la visión de que no se deba extraer nada. La pregunta interesante es cómo se extrae, si existe un consenso en la población sobre si la extracción es necesaria, si los costes medioambientales se comparten, así como los beneficios; este tipo de preguntas surgen entonces. No creo que todas las formas de explotación mineral, energética o petrolífera tengan que ver por definición con la acumulación por desposesión. Sin embargo, considero que dado que la mayoría de las actividades en los campos petrolíferos y lugares similares se organizan y orquestan por parte de países extranjeros y estos se apropian de gran parte del valor que se obtiene de estas extracciones, se podría decir que se trata de acumulación por desposesión. Dicha desposesión está apoyada por el poder y la intervención militar imperialistas, de modo que es posible decir que existen muchos casos en los que las extracciones de minerales, petróleo y energía van en efecto acompañadas de una acumulación por desposesión, aunque no tiene por qué ser de esta forma. Creo que probablemente en cualquier economía será necesario extraer algo, pero hay formas de extraerlo que no tienen que ver con la acumulación ni con la desposesión. Cuando en ocasiones escucho eso de que, por definición, la extracción es perjudicial, simplemente no lo comparto y no veo cómo es posible. Porque quienes afirman que la extracción de petróleo es mala, por ejemplo en Ecuador, luego viajan en avión a algún lugar, vuelven, utilizan el petróleo, se suben a un coche y usan el petróleo. Hay que pensar en ello en términos de quién se está beneficiando de ello y quién no.

IPC: Cambiando un poco de tema, ¿cuál fue el impacto en Latinoamérica de la crisis global del capitalismo en Estados Unidos y Europa?

DH: Bueno, hay dos mecanismos básicos a través de los cuales se generó la crisis fuera de Estados Unidos y se volvió contagiosa. Uno de estos mecanismos fue el sistema financiero, ya que si habías invertido en esos extraños instrumentos financieros que Estados Unidos había creado, tu sistema bancario o la gente que hubiera invertido en él se vieron atrapados en problemas muy serios. Resulta interesante, por ejemplo, que el primer banco en verse envuelto en grandes problemas fuera Paribas, en Francia. No era un banco estadounidense, pero Paribas había invertido mucho en los instrumentos financieros que Wall Street estaba vendiendo al resto del mundo. Así pues, este fue el primer mecanismo a través del cual la crisis se extendió al resto del mundo. El segundo mecanismo tiene que ver con que Estados Unidos es un mercado de consumo líder, hasta tal extremo que cuando el consumo en Estados Unidos se vino literalmente abajo en 2008-2009, provocó que cualquier país que exportase mucho a Estados Unidos se viera en dificultades. China, por ejemplo, perdió alrededor de 30 millones de trabajos en solo unos meses debido a que su sector de la exportación, que depende del mercado estadounidense, de pronto se derrumbó. Este es el segundo mecanismo. Ahora bien, en Latinoamérica en conjunto, el sistema bancario no estaba tan fuertemente involucrado con el de los Estados Unidos, de modo que no se notó gran repercusión a través del sistema bancario. Latinoamérica había orientado progresivamente su comercio hacia China. Dado que China salió de la crisis muy rápido por medio de una extensiva estrategia de inversión, la demanda china de materias primas protegió a gran parte de Latinoamérica de lo peor de la crisis. Así, si Chile tenía mucho cobre, obviamente China lo conseguiría a buen precio. Los precios de los productos básicos subieron a causa del auge de China: el mineral de hierro, los productos de acero de Brasil y las semillas de soja de Latinoamérica para China. En cierto modo Latinoamérica recibió menor impacto de la crisis porque no estaba involucrada en el sistema bancario y sus relaciones de exportación dependían más de China que de Estados Unidos.

IPC: ¿Y cuál es su opinión acerca del cambio en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos? ¿Qué significa en el capitalismo, qué representa simbólicamente?

DH: Creo que simbólicamente no representa mucho para el capitalismo, ya que es un mercado bastante pequeño para que los capitalistas se introduzcan y obtengan beneficios. Si los Estados Unidos hubieran sido sensatos por su propio interés capitalista, habrían abandonado el embargo a Cuba hace muchos años, porque habrían podido utilizar los procesos del mercado libre para debilitar al régimen cubano desde dentro. Lo que lo ha impedido ha sido pura ideología; incluso, más concretamente, lo que lo ha impedido ha sido que la población cubana de Miami es trascendental. Florida es un estado fluctuante para las elecciones presidenciales y ningún candidato a la presidencia diría jamás que va a negociar con Cuba y resolver ese problema, porque perdería las siguientes elecciones en Florida. No es sorprendente que Obama, que no tiene ningunas elecciones que perder, lo haga. Se trata más bien de una estrategia relacionada con la vida política interna de los Estados Unidos y no creo que tenga grandes implicaciones en cómo funciona el capitalismo.

 

Agradecimientos especiales a:

Claudia Puerta Silva, exdirectora del INER; y Elizabeth Montoya, investigadora del INER; quienes facilitaron la realización de la entrevista

Thomas Purceel, quien sirvió como intérprete

Tatiana Avendaño, quien coordinó el encuentro con Harvey

François Lucas, quien transcribió la entrevista en inglés

Entrevista en inglés:

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