Coloquios políticos: espacios para pensar posibles en tiempos de post acuerdos

0
34

Por: Marta Cardona López[1]

Tu mismo debes ser el cambio que quieres ver en el mundo.

Gandhi

La palabra coloquio, la cual viene del latín colloquium (conversación), y que etimológicamente está formada por el prefijo co (unión); el verbo loqui (hablar); y el sufijo ium (resultado) fue el nombre escogido por el colectivo de trabajo del Observatorio de derechos humanos y paz del Instituto Popular de Capacitación (IPC), para designar el espacio de encuentro, reflexión, problematización y construcción de propuestas, en clave de post acuerdos, que comenzó a configurar, en el primer semestre de 2016.

Espacio que se hizo posible gracias a la respuesta recibida por parte de instituciones, organizaciones y colectivos comprometidos, a lo largo de décadas, con el movimiento social de derechos humanos de la ciudad y el departamento, tras ser convocados a repensar y resignificar los sentidos de los Derechos humanos bajo las determinaciones, indeterminaciones y circunstancias históricas que viene viviendo el país. Es decir, gracias al gesto de quienes aceptaron el desafío de volver a escucharse y pensar, en vínculo con otras y otros, sobre las realidades que ahora les interpelan.

Así, pues, paciente y persistentemente, los Coloquios políticos comenzaron a hacer parte fundante de cómo se viene consolidando la nueva estrategia que direcciona al Observatorio en este período. Esto acorde al Plan estratégico 2016-2025 del IPC; el cual se viene centrando en recuperar asuntos esenciales para aportar al país en su tránsito de un escenario de guerra a otro de construcción de paz y profundización de la democracia.

Retomando discusiones y lineamientos trabajados, el Observatorio se ha puesto como designio particular contribuir a los procesos de re-significación de los derechos humanos; de tal forma que se puedan trascender las concepciones formales, esencialistas e instrumentales que, centradas en la mera legitimación del poder político, los han reducido a una fórmula vacua, en la que lo único que importa es que se pueda afirmar que “se tiene derechos”. La apuesta es por promover comprensiones culturales y agendas políticas, desde contextos situados que consideren las condiciones materiales e inmateriales en las que se desenvuelven los grupos humanos en sus territorios específicos; y, desde las formas que les permiten o limitan el acceso a los bienes colectivos que son la base de tales derechos.

Teniendo en cuenta lo anterior, a continuación se recogen, en clave de síntesis, las reflexiones, problemáticas y propuestas derivadas de los tres Coloquios políticos[2] realizados el año pasado. Y, con ello, una memoria escrita de un ejercicio colectivo, cuya mayor pertinencia radica en ser, un apuesta crítica y en complejidad creciente de un grupo de seres humanos que comprometidos, de vieja data, con la transformación de las dinámicas de injusticia e infamia que perduran en las sociedades, se ratifican en insistir, persistir, resistir y no desistir ante los retos que el presente, en coherencia, les demanda.

Situando los coloquios políticos

Para el Observatorio de derechos humanos y paz del IPC hay una gran necesidad de hacer conciencia de que Colombia está transitando un momento de gran envergadura. Tránsito que podría decirse conlleva unos desafíos; en tanto implica unos proyectos y trayectos. Proyectos entendidos como las preguntas medulares que la realidad actual y situada genera. Y trayectos como caminos posibles de comprensión y acción frente a esos proyectos, los cuales no se agotan en la mera idea de lo geográfico o físico; sino, como despliegues de ámbitos del saber y el conocer dirigidos a lo: metodológico, didáctico, pedagógico y a las lógicas de articulación del pensamiento, desde las que se opta leer la realidad en su complejidad.

Indudablemente, los Diálogos de paz de la Habana entre el Gobierno y las Farc-Ep han colocado a los colombianos y las colombianas en un lugar muy especial; porque después de cincuenta y dos años de una guerra permanente se ha tenido la posibilidad de comenzar a pensar, de manera concreta, en que sí se puede conversar y recuperar la palabra como el corazón movilizador de las transformaciones que se requieren para lograr, a corto, mediano y largo plazo, una paz estable y duradera con y para todas y todos: el aporte a la paz que han significado los Acuerdos logrados y los diálogos que van avanzando con el ELN han potenciado la idea de que sí se puede conversar con el enemigo y que seguir matándose no es la solución frente a los conflictos.

En este contexto, el papel que debe jugar el Movimiento social de derechos humanos en Antioquia y Colombia, se ha convertido para el Observatorio y el IPC en algo absolutamente relevante. Relevante, porque los seres humanos que lo conforman, con todas sus diferencias y pluriversidades, se ven avocados a moverse desde otros órdenes en aras de potenciar la construcción de agendas integrales; las cuales, de forma efectiva, permitan dar respuesta a los cambios que exigen los tránsitos que se están viviendo y los que el devenir reclame producto del ahora.

Algo es claro: no es pertinente seguir pensando del mismo modo que se hacía, cuando la decisión final, en general, la tenía la guerra. Precisamente, porque ahora lo que se va a honrar es la palabra, la vida y la posibilidad de erigirla desde la diferencia radical que precede a lo humano. O sea, no desde la ortodoxia, ni la verdad única; sino, como la posibilidad de reconocer al otro y a la otra, a partir de sus raíces, orígenes, cosmovisiones, cosmogonías, tradiciones, opciones, elecciones, y prácticas de vida, las cuales no pueden ser las mismas para todos y todas en una nación de naciones como lo es Colombia. En este sentido, quienes se asumen parte y consciencia histórica de ese Movimiento social de derechos humanos, más que nunca, sienten y piensan que tienen la responsabilidad de darse cuenta y dar cuenta de lo que están hechos y, en consecuencia, de proponer posibles en el marco de las exigencias del país que hoy nace.

Los coloquios y sus despliegues

Los tres Coloquios políticos que se lograron realizar versaron sobre los siguientes temas y preguntas:

El coloquio político 1. Derechos humanos en y para el posconflicto, el cual se llevó a cabo el 10 de junio de 2016, teniendo como pregunta rectora: ¿Resignificar los derechos humanos?

El coloquio político 2. Democracia y derechos humanos realizado el 5 de agosto de 2016, a partir de la incertidumbre del ¿Y ahora qué?

La conversación de estos coloquios se tejió teniendo como horizonte inmediato el proceso de refrendación de los acuerdos de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc-Ep, mediante el Plebiscito; y, por supuesto, todas las contradicciones, tensiones y dudas frente a si Colombia optaría mayoritariamente por el NO o el SÍ.

Al respecto, ante el contexto del post acuerdo y con la consigna de la paz territorial, el IPC, acorde con su nuevo Plan estratégico, planteó la necesidad de “reparar la democracia”; al tiempo que ratificó que: “considera que deben primar en las regiones espacios y procedimientos democráticos de construcción de acuerdo social o política pública, que respeten la libertad de expresión y la diversidad de cosmovisiones y concepciones culturales existentes en las poblaciones, y la construcción de alternatividad a partir de la diversidad, en favor del “bien común” con equidad”.

El coloquio político 3. Desarrollo y derechos humanos en y para los post acuerdos, el cual se efectuó el 6 de diciembre de 2016, se centró en la pregunta ¿Desarrollo y derechos humanos?

En este coloquio se conversó teniendo como telón de fondo el resultado mayoritario del NO frente al plebiscito; el cual fue devastador para la mayoría de los integrantes del Movimiento social de derechos humanos, comprometidos con la construcción de la paz en el país.

Así, se avanzó en la triada: derechos humanos, democracia y desarrollo considerados determinantes en el escenario de los acuerdos en marcha y frente a los cuales se recuperan, en coherencia con los alcances de este texto, las siguientes reflexiones, propuestas y preguntas:

Reflexiones y propuestas
  • Pensar de nuevo el significado de los derechos humanos obliga, ante el inminente contexto de pos-acuerdo, a colocar en duda si las demandas por dinamizar otras lógicas de acción de esos derechos humanos se están dando en sintonía con el reconocimiento real de los nuevos sujetos y escenarios de acción que están emergiendo y los que emergerán. Esto, porque los derechos que ahora problematizan, precisamente, las acciones de los humanos: culturales, económicas, sociales, políticas y ambientales vienen dadas por los reclamos de un nuevo sujeto no humano de derechos: la tierra. La cual, mediante las voces de miles de naciones ancestrales alrededor del planeta y de los movimientos globales frente al cambio climático está llamando la atención, frente a otro tipo de derechos que lejos están de ser solo humanos: derechos de los animales, derecho al agua, al aire, etc.
  • El movimiento de derechos humanos se ha caracterizado por ser un movimiento de la solidaridad internacional y el punto de quiebre de tal gesto se está dando con la situación actual de los refugiados del mundo. Preguntas sobre lo que significa ser humano ahora y el lugar que ocupan en las agendas políticas la protección y defensa colectiva de los derechos, particularmente en situaciones de crisis humanitaria, son del todo relevantes. Al respecto se viene manifestando un renovado cinismo de movimientos políticos emergentes que se esparce por todo el planeta: Europa, Estados Unidos y América Latina: una especie de derecha militarista y conservadora que no se inmuta con las prácticas xenofóbicas, racistas, sexistas, feminicidas, infanticidas, etc., y que cada día las reivindica desde discursos múltiples de la dominación.
  • Un espacio de tensión no menor es el que se viene estableciendo entre el derecho a la información versus la violación a los derechos a la intimidad y a la individualidad. La presencia de nuevas tecnologías lleva consigo un campo emergente de derechos humanos, que se vulneran y violan al amaño de quien lo requiere; con el argumento, muchas veces, de salvaguardar el derecho a la seguridad, de la cual Colombia no es ajena: chuzadas, hacker.
  • Es muy importante volver a posicionar tensiones sobre categorías ordenadoras del pensamiento como: verdad y justicia, conflicto y violencia e impunidad y paz; las cuales resultan esenciales para darle sentido y valor a muchas de las decisiones que se están dando y darán en las dinámicas de configuración de los acuerdos firmados y los que, se espera, se firmen. Además estar alertas ante la cooptación consciente que viene haciendo la ultra derecha, de las categorías que para los defensores y activistas han sido fundamentales; tales como: el derecho a ser sociedad civil y el derecho ciudadano; pues, ahora resulta que las corporaciones son ciudadanas, que las transnacionales también lo son, que la resistencia civil puede ser liderada por un modelo arrasador guerrerista. Al respecto habría que hilar más fino en ese sentido, porque hay un enorme analfabetismo ciudadano y político sobre las nociones de derecho, lo público y el estado.
  • Es imprescindible superar las ficciones que se están generando con el lenguaje, fundamentalmente cuando se trata de algo tan peligroso como lo es homologar el conflicto con la violencia; esto, posiblemente, como consecuencia de las profundas relaciones que hay entre las mismas, pero que aún así no son suficientes para que se piense que son lo mismo. El conflicto es una condición de lo humano, que tiene que ver con nuestra capacidad de pensar de manera diferente y ser disidentes frente a un aspecto específico; o sea, es algo consustancial a nuestra existencia, como lo es ser seres políticos o sociales. Mientras que la violencia es una construcción cultural que se aprende, al igual que la paz, y mediante la cual se puede afrontar las tensiones que generan las diferencias; o sea, el conflicto: la paz y la violencia son medios, pero el conflicto es una condición de lo humano que genera una posición. Es diferente medio a condición. Por ello, no es pertinente hablar de una fase de post-conflicto, sino de post-acuerdos.
  • Este post acuerdo lleva obligatoriamente a pensar lo que está pasando en las geografías más próximas a la vida propia. No puede ser una lectura externa a la realidad próxima la que se haga frente a lo que ocurrió en la Habana o lo que pueda ocurrir con cualquier proceso de diálogo para finalizar la violencia armada entre grupos de guerreros/as y el Estado. Si se sigue haciendo las lecturas sobre el asunto de los derechos humanos y la construcción de la paz desde una coyuntura o un acontecimiento externo a la vida cotidiana, las mismas no servirán para comprender realmente lo que está pasando.
  • Comprender los derechos humanos, la democracia, el desarrollo y la seguridad, en este nuevo contexto, pasa por medir los avances o retrocesos de los problemas con enfoque de derechos y desde sujetos con necesidades reales; y, no desde sujetos frente a los que la gestión pública responde con ofertas que le parece son las adecuadas, sin importarle lo que demandan la gente y los territorios. En este sentido es imperativo empezar a pensar en indicadores de tipo político que midan los cambios en los contextos. Pues, como se sabe los indicadores que se utilizan hoy no miden desde la demanda y el tema de la calidad no importa; lo que hay es un sistema de información sub-utilizado y sin capacidad de análisis, que lo que hace es presentar cifras, mientras oculta la información distorsionando la realidad.
  • Es necesario pensar más allá de los centros especializados, aunque deben existir, que esto es un problema social, en el que la organización X o la persona Z de Amalfi o de Titiribí no pueden seguir siendo una fuente primaria para un especialista en Medellín, sino un actor con quien repensar este tema. Es necesario que los abogados sigan atendiendo lo que hoy se acumula vía atención de impactos por la crisis humanitaria; todo lo que está fluyendo en cuestión de tierras; y el tema del procesamiento de funcionarios y militares. Todo este trabajo debe continuar; pero hay que pensar en el sujeto de todo esto y eso significa pensarlo en términos de movimiento social; hay que volver a tomar esto en cuenta para redefinir la línea y la posición del movimiento, desde una política financiera que facilite sostener lo que esto exige: muchísima gente vinculada, procesando infinidad de conocimientos, información y datos.
  • Se vienen decisiones fuertes y podría pensarse que estos debates los asuma la coordinación Colombia-Europa, involucrándolos en su agenda. Ya que se está dando en la coordinación una lucha jurídica contra la impunidad, por la memoria y la verdad histórica, y que estas seguirán siendo sus banderas, estaría bien que asuma el relanzar, si cabe esta palabra, el movimiento de derechos humanos en el departamento de Antioquia. Respetando el espacio que tiene la Coordinación Colombia-Europa, se podrían nuclear una cantidad de organizaciones y montar un segundo momento de este debate; ya no con una pregunta, sino con temas concretos en términos de: ¿dónde se pone todo lo acumulado en un escenario de posguerra? y ¿cómo se despliega en un momento de transición y luego de posguerra? Es urgente ponerle al presente los grados de politización que reclama; pero, además, los ámbitos de estructura política que le den la sostenibilidad a lo que se proponga.
  • Una categoría medular que entra a modelar el devenir del país es la de desarrollo, la cual no es menor, precisamente porque si hay algo que se tendría que comenzar a replantear es si este es el modelo de economía a la que habría que apostarle o, en su defecto, a desarrollos alternativos o a las alternativas al desarrollo que vienen siendo las opciones de muchos colectivos y sociedades que piensan ahora en clave del buen vivir y el cuidado de la tierra. Danelly Estupiñán Valencia, una mujer negra activista, defensora del territorio, la colectividad y la forma de construir nación negra desde la resistencia, dice que en Colombia no hay víctimas de la violencia; sino del desarrollo que instrumentaliza la violencia. Pues es un desarrollo arrasador que desdibuja los sujetos, los cuerpos y niega lo que es diferente.
  • Hay un elemento que es clave, en términos de participación política, y es que el país está abocado a un proceso de apertura democrática. Lo que se abre es un escenario de disputa por el poder, en el que no hay justificación, ni del Estado, ni de ningún otro actor, para hacer uso de las armas, la guerra o la violencia como se había visto en los últimos cincuenta años. Es necesario plantear, no solo desde el campo social de las organizaciones; sino, también, desde las coyunturas políticas, ¿a quién se va a apoyar políticamente?, ¿a quién se va a votar en las elecciones? Los escenarios de debate y de disputa hoy son todos y no se puede seguir, como Movimiento social, satanizando lo electoral y a los políticos, porque todo sigue muy mal: es imprescindible discutir, en qué espacios se va a negociar.
  • Cuando se habla del sujeto que emerge en un proceso de posguerra, lo que se tiene que recuperar no es el sujeto de los derechos humanos, ahí hay una discusión que todavía no se da, sino ese sujeto histórico que hace y lucha por un proyecto emancipatorio. O sea, los derechos humanos han sido una posibilidad de develar una dinámica social en guerra; pero tendría que verse otro escenario en el que ese sujeto campesino recupere poder ser sujeto campesino y no solamente víctima de la guerra. Ahí hay una concepción que habría que empezarse a tejer: no hay que eludir que lo que se invisibilizó con la guerra fueron los proyectos políticos que estaban en disputa para ponerlos en una dinámica de defensa; y, en este caso, de denuncia.
  • En lo cultural es crucial volver sobre la relación que la ciudadanía tiene con el Estado y con la ley. ¿Qué pasa con las disyuntivas o dicotomías que existen: una ciudadanía que reclama presencia del Estado; pero que, además, critica que el Estado utiliza la ley para poder violentar los derechos de ciertas personas que están desfavorecidas en ciertos contextos. Una ciudadanía que sigue pidiendo más fuerza pública, cámaras de seguridad, castigo y cárceles; o sea, ahí hay unos dilemas culturales que es importante leer en un escenario de transición como este y en una relectura de los derechos humano, como la que se pretende asumir.
  • El estatuto de oposición, el derecho a la oposición habría que pensarlo más; pues, la socialización que ha recibido la sociedad colombiana, al respecto, en contextos de guerra ha llevado a entender que lo distinto hay que aniquilarlo, hacerlo invisible. Se tiene una concepción de lo social como una estructura homogénea en la que todos piensan como lo dice la ley, negándose el derecho propio, a los territorios y a los contextos culturales.
  • Es muy claro que este momento enfrenta a un sector de las élites dispuestas a hacer un proceso de negociación, pero un proceso de negociación barato y sin grandes transformaciones. No hay que creer que las élites tengan identidad sobre la salida negociada y la expresión de esto es el uribismo, el Centro democrático y las élites regionales enemigas de las transformaciones. Ha sido la voluntad de un sector de las élites y, especialmente de las Farc-Ep y de algunos sectores del ELN, por una salida negociada, las que han dotado el proceso de negociación de sentido. De todas maneras se generan un conjunto de retos de agenda que tienen que ver con la implementación de los acuerdos y con un aspecto que se ha nombrado, como lo es la diferencia que hay entre la agenda de la negociación y la de la democracia, las cuales son distintas.
  • El tema de las ciudades, la discusión sobre el derecho a la ciudad y la equidad en las ciudades no estuvo en la Habana. Por ello, parte de la agenda de trabajo en este tema de derechos humanos, ahora, tiene que ver con apuntalar una visión más integral de los derechos: se tiene que discutir de nuevo, más allá de la defensa de la vida, la integridad y la libertad, el asunto de los derechos económicos, sociales, culturales y colectivos. Se precisa mucho más en los ámbitos urbanos; pero esta relectura tiene que llevar a pensar, como movimiento social, que aquí el juego de lo urbano y lo rural debe reubicarse en términos de los sujetos en plural, que van a encarar los cambios desde sus diferentes aristas y desde los adjetivos que orbitan la categoría de derechos humanos, como civiles y políticos.
  • Se necesita construir: el sujeto perfecto de la paz no existe; hay que construir con la intención de reconstruirse y pensando que es posible asumir imaginarios que pueden recoger la diversidad de los seres culturales concretos que afloran hoy. La democracia no puede ser para los sujetos simplemente retórica o ideologismo, hay que incorporarla y entender las diferencias y hacerse parte del otro, la otra y los otro: que el problema de las mujeres no sea de las mujeres, que el de los transgénero no sea de los transgénero; sino de todos y todas: que se pueda incorporar las necesidades ajenas como propias. Pues, si no se logra pensar y sentir así, no se podrá disputar una propuesta alternativa para la paz coherente con la realidad.
  • En este momento en Medellín, y en general en el país, el orden de lo cotidiano y del control de la vida cotidiana está quedando en manos de agentes que no son controlados democráticamente; y la pregunta que aflora es cómo construir poderes políticos desde lo local, sabiendo que ello implica repensar toda la institucionalidad: desde dar licencias para construir pasando por el control del espacio público hasta llegar a la moderación del ruido, etc. La realidad es que la vida cotidiana se ha salido de las manos de todos y todas para ser control no criticable de unos pocos; por ello es imprescindible pensar democráticamente lo que se ha vuelto terreno fértil para las mafias y un obstáculo para todo proceso de transformación. Pues, si no se es inteligente en un rediseño institucional legítimo y democrático que le quite piso a las mafias territoriales, se va a llegar a una especie de poliarquía perversa en la que los ordenes mafiosos, con el control de las armas, no permitirá que lo venido de la participación genuina de los colectivos, grupos, organizaciones y movimientos sociales florezca.
  • La reforma política no puede seguir siendo solo una reforma política en el Congreso o en los partidos; por el contrario tiene que ser, fundamentalmente, una dinámica transformadora de las realidades que se desafíe a conversar con los contextos cotidianos de las sociedades rurales y urbanas de todo el país.
  • Es crucial comprender que aunque una democracia burguesa es lo único que se ha construido hasta el momento, ello no significa que sea imposible que se enuncien los proyectos políticos alternos que se han tenido guardados hasta el momento. Cuando se pregunta qué van a ganar las ciudades con el acuerdo de paz; tal vez lo único es que se va a tener más posibilidad de hacer discurso público sin ser asesinado, no más. Pero, por lo menos se hará eso y si se logra será una posibilidad de sin temores y auto censuras de los propios proyectos emancipatorios, revolucionarios o democráticos, como se llamen, enunciarlos. Hay que creer que este es un momento de sanación dentro del movimiento social que ayudará mucho a la autocrítica y a crecer.
  • Una arista de reflexión que es necesario abordar tiene relación con cómo ver la construcción de democracia o los problemas que han dejado, para la configuración de democracia, estas cuatro décadas de un modelo que le ha dado el poder a las grandes corporaciones transnacionales. Se sabe que hay corporaciones transnacionales más grandes que varios estados y que muchas están en capacidad, incluso, de demandar a los estados. Con esa noción es que Naciones Unidas ha empezado a plantear el tema de responsabilidad social empresarial; y, para el post acuerdo se torna en una de las aristas decisivas, a propósito de los alcances de la responsabilidad, tanto de corporaciones transnacionales como de empresas nacionales, en lo que ha sido la configuración de estructuras paramilitares y violación de derechos humanos en los territorios.
  • Una de las preguntas que la democracia se tiene que hacer es: por qué en Colombia ha habido una división tajante entre la política económica y la social. Una política económica que es para los ricos y la deciden los ricos; y una social que es para los pobres y para la redistribución de la pobreza. Habría que empezar por pensar la reconfiguración de esas políticas.
  • La gran deuda de la constitución del 91 ha sido el tema del ordenamiento territorial; pues, asociadas al ordenamiento territorial han estado las lógicas de la guerra, el clientelismo y el poder: la relación entre el poder económico y político en los temas de ordenamiento territorial es fundamental.
  • Vale considerar que el sujeto está determinado/a por la historia, pero no limitado/a; y que es en optar por otras posibilidades o construirlas, en las que se juega su capacidad de configurar nuevos mundos.
  • Habría que recuperar a Balzac cuando decía: “pertenezco a ese partido de oposición que es la vida”. Ya no basta con decir que se es de izquierda; toda vez que, si se va por la izquierda, hay que agregar que, igualmente, se hace desde abajo y con la tierra: solo así se podrá mover con coherencia, cualquier proyecto político a potenciarse.
  • No es menor el desafío que encierra comprender por qué la izquierda global ha creído que la política puede potenciarse vaciada del poder, la voluntad y la conciencia histórica que solo la fuerza espiritual de un sujeto centrado le puede imprimir.
Preguntas
  • ¿Cuál es la paz que se necesita en Colombia?
  • ¿Cómo podría ser esa re-significación de los derechos humanos y la paz? ¿Quiénes tienen que hacerlo? ¿Desde dónde? ¿Para qué? ¿Hacia qué direcciones tendrían que ir las apuestas de los derechos?
  • ¿Cómo reinventarse a sí mismo? ¿Cómo renovarse y no perecer en medio de los cambios? ¿Cómo entender que hay una emergencia de nuevos sujetos y subjetividades? ¿Cómo aportar para que eso que emerja se haga desde otras perspectivas? ¿Qué tiene que cambiar y permanecer y en eso que permanece cómo se re-significa para efectivamente hacerle frente a las nuevas exigencias de construcción de humanidad?
  • ¿Cómo dinamizar los movimientos sociales contemporáneos y promover iniciativas políticas conducentes al establecimiento de una democracia radical y pluralista, como reto para la “paz territorial”?
  • ¿Cuáles van a ser las aristas de la lucha por la tierra en un escenario no mediado por la guerra?
  • ¿Qué ha implicado, en una cultura como la colombiana, reivindicar un sentido de justicia asociado al tema del castigo, la pena y la retaliación?
  • ¿Qué es lo que se concibe como la diferencia, en el acuerdo sobre participación política?
  • ¿Será que se puede leer la construcción de la paz con los referentes conceptuales con que se ha leído la guerra? ¿A qué se necesita recurrir y qué hacer con la matriz de pensamiento que se tiene?
  • ¿Qué se entiende por derechos humanos más allá de lo jurídico?
  • ¿Cómo hacer que dialoguen verdad y justicia en medio de cambios tan drásticos como los que se están dando y necesitando en Colombia?
  • ¿Qué tanto deben cambiar los enfoques, énfasis y centros de trabajo en las organizaciones de derechos humanos, en relación con las nuevas demandas del fin de la guerra con los grupos armado insurgentes?
  • ¿Qué hacer frente al desarrollo para construir y generar, a partir de un proceso de desmercantilización de los derechos, condiciones reales de vida?
  • Si la guerra implicó suspender los sentidos: no ver, oír, sentir, tocar, ¿será que construir la paz no implica volver a revivir los sentidos?
  • ¿Dónde está el sujeto social y político de la paz?
  • ¿Qué es lo colectivo? ¿Qué es lo colectivo en Medellín? ¿Qué es lo colectivo en el país? ¿Cuáles son las prioridades o el escalamiento de las prioridades colectivas?
  • ¿Cómo pensar los órdenes de control paralelos, nacidos en medio de las violencias locales, para que sean incorporados en un orden político democrático?
  • ¿De qué democracia se habla hoy? ¿Se lucha por una democracia política o por una democracia integral; en la cual, los sectores populares tengan posibilidad de reinsertarse al poder económico y propugnar, desde este, por el fortalecimiento democrático general?
  • ¿Qué tipo de sujeto tendría que construirse en esta sociedad, para que sea capaz de asumir decisiones radicales que lo pongan al frente de su coherencia y de cambiar, literalmente, lo que está-siendo-haciendo?
  • ¿Cómo comprender que, aunque se suele esperar que sean los/as demás quienes cambien aquello que se considera es necesario cambiar, eso no resuelve el desafío que se tiene de cambiar en la vida propia esos pensamientos y prácticas que hay que cambiar?
  • ¿Por qué se soporta desde hace siglos la explotación, la humillación, la esclavitud, al punto de quererlas, no solo para los y las demás; sino, también, para sí mismo?

[1] Antropóloga de la Universidad de Antioquia, diplomada en Derechos humanos por la Universidad de Caldas y, actualmente, estudiante del doctorado en “Conocimiento y cultura en América Latina” del Ipecal de México. Investigadora en residencia del Observatorio de derechos humanos y paz del IPC. Correo: martacardonalopez@yahoo.es

[2] Los textos completos de las transcripciones de cada Coloquio pueden ser consultados en la página web del IPC: http://www.ipc.org.co/portal/; al igual que los Boletines del Observatorio; en los cuales están publicados los artículos escritos por invitados a los Coloquios, en relación con cada uno de los temas tratados.

No hay comentarios

Dejar respuesta