Por: Juan Esteban Jaramillo Giraldo 
analista del Observatorio de Derechos Humanos y Paz del IPC

La editorial del diario El Tiempo del pasado 9 de junio, titulada Motivos de un respaldo[1], en la cual ese medio expresa su  apoyo a la candidatura de Iván Duque a la presidencia, ilustra el escenario informativo en el que nos encontramos atrapados: una exaltación exagerada de la figura del candidato Duque para, a renglón seguido, realizar una descalificación absoluta del candidato Petro, presentándolo como la gran amenaza a vencer en el certamen electoral del 17 de junio.

En la misma editorial, El Tiempo condiciona su respaldo al candidato Duque al sostenimiento del proceso de paz en Colombia. Algo llamativo, teniendo en cuenta que el partido del candidato Duque ha sido el más férreo opositor a la paz en Colombia.

Dicha postura, que en principio puede parecer contradictoria, lo que pone en evidencia es la existencia de una disputa por el modelo de construcción de paz en el país, más allá de los artificiosos peligros con los que han estigmatizado a la campaña de la Colombia Humana.

El interés de poderosas organizaciones económicas es el de lograr posicionar un modelo de paz corporativa, esto es, que además de asegurarles absoluta impunidad por sus responsabilidades en el conflicto armado colombiano, les garantice el control de los recursos de la paz y el acceso a territorios y recursos que habían estado vedados por causa de la confrontación bélica. Igualmente buscan mantener las condiciones políticas que han favorecido los procesos de acumulación de riqueza y concentración de tierras, evitando transformaciones en el ordenamiento territorial y ambiental del país, truncando las posibilidades de una reformar rural integral, entre otros asuntos.

La aversión que los grandes medios de comunicación –controlados por el capital privado[2]– expresan hacia el candidato a la Presidencia de la República, Gustavo Petro, y a su programa de la Colombia Humana, evidente en las desobligantes entrevistas que le han realizado, así como en los ataques deletéreos que le han hecho en los debates presidenciales; además de dar cuenta de un profundo sesgo ideológico y de graves problemas éticos en el ejercicio de la comunicación social y el periodismo, ilustran una actitud absolutamente refractaria a cualquier programa político de corte progresista que busque superar problemas tales como la desigualdad o la pobreza, que posibiliten la construcción de una paz estable y duradera.

Para estos poderosos grupos económicos que están detrás de los grandes medios de comunicación, un programa político que busque la justicia social solo puede ser representado como una amenaza a sus intereses corporativos. Dicha representación han logrado revestirla como un peligro para toda la sociedad a través de la transmisión cotidiana de un mensaje que apela al miedo y la intimidación —renunciando a cualquier posibilidad de comunicación y debate político— dibujando un escenario monstruoso y caótico ante un eventual gobierno progresista y alternativo. Nada más alejado de la realidad.

Por eso, a estos sectores les resulta imposible concebir que Gustavo Petro y su programa de la Colombia Humana representen las posibilidades de un verdadero gobierno de transición hacia la construcción de paz territorial, ya que sus propuestas responden a los intereses de los diversos colectivos humanos excluidos y marginados social, política y económicamente. Y es justamente eso lo que les molesta a los cacaos de este país, a ello es a lo que se oponen con el fin de mantener incólumes sus privilegios, por lo que avanzan en el propósito de sabotear un modelo de paz incluyente, que ofrezca posibilidades reales de implementar, en su sentido primigenio, cada uno de los puntos del acuerdo de paz.

No se puede perder de vista que la apuesta de la Colombia Humana va más allá de una mera construcción de paz negativa, esto es, del cese de la confrontación bélica; incorporando un enfoque positivo de construcción de paz territorial e incluyente, abordando problemas estructurales asociados al conflicto armado, como los de la concentración de la tierra y la improductividad de la misma. Asimismo una visión de paz ambiental, colocando en el centro de su programa temas vitales como el de la transición energética, la justicia climática y el ordenamiento territorial en torno a la preservación del agua, todo lo cual constituye un avance fundamental para desvincular de los escenarios de guerra a los recursos naturales, restituyendo su carácter público y de bienes comunes, no apropiables por actores privados.

Así las cosas, en la segunda vuelta presidencial lo que se define es, precisamente, ese modelo de paz al que queremos asistir. Se trata, de cierta forma, de un segundo momento de refrendación de los acuerdos de paz, pero esta vez lo que se define es cuál de las distintas vías vamos a seguir: ¿la paz corporativa? o ¿la paz territorial, ambiental e incluyente?

 * Las ideas aquí expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y en nada comprometen al Instituto Popular de Capacitación (IPC)


[1] Disponible en: http://www.eltiempo.com/opinion/editorial/motivos-de-un-respaldo-a-ivan-duque-228530

[2] Un informe de Reporteros sin fronteras y de la Federación Colombiana de Periodistas publicado en el año 2015, da cuenta que entre la Organización Luis Carlos Sarmiento Ángulo, la Organización Carlos Ardila Lulle y el Grupo empresarial Santo Domingo-Valorem, controlan más del 57 por ciento de los medios de comunicación en Colombia. El informe completo se puede consultar en: http://www.monitoreodemedios.co/

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