¿Hay paramilitarismo en Colombia?

Diego Herrera, León Valencia y Gustavo Duncan respondieron esa pregunta. Cómo denominar estos nuevos grupos o bandas, si tienen intereses políticos y qué gana o pierde el gobierno con reconocerles un estatus político son parte de los temas de debate.

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Foto: Instituto Popular de Capacitación (IPC).

A los grupos herederos de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) que se desmovilizaron entre 2003 y 2006 se les ha denominado neoparamilitares, bandas criminales, GAO e incluso paramilitares. Dos años después de que se creara una unidad especial para erradicar los grupos sucesores del paramilitarismo, fruto de los Acuerdos de paz, de la que no hay resultados concretos, más el asesinato de líderes sociales, la discusión cobra relevancia.

¿Por qué fue tan rápido el “reciclaje” de las bandas luego de la desmovilización paramilitar, si ya no contaban con una armazón política regional aliada?, se preguntó la periodista María Teresa Ronderos al final de su libro Guerras recicladas, una historia sobre el paramilitarismo en Colombia. En su respuesta, aseguró que hay una falla estructural en la política que produce un ambiente propicio para que estos grupos se críen con facilidad en territorios con poblaciones marginadas, en donde el Estado está presente pero no les funciona a los ciudadanos. Y agregaba: “si las autoridades siguen desestimando estas bandas de “Gaitanistas” o “Urabeños” y otras, como simples criminales intentando disfrazarse de políticos y pensando que se acabarán solamente cortando sus cabezas, pueden equivocarse. Hay el riesgo real de que estas consigan desatar otra ola de paramilitarismo en unos años”.

El debate no es nuevo, pero se reedita cada tanto. Hace poco el ministro de defensa, Guillermo Botero, aseguró que al país no volvió el paramilitarismo, “diría que hay gente mala matando gente buena”. Pero una respuesta similar tuvo en enero de 2017 el entonces ministro Luis Carlos Villegas, quien negó la existencia del paramilitarismo en el país, “decir que lo hay, significaría otorgarles reconocimiento político a unos bandidos dedicados a la delincuencia común organizada”.

¿Hay paramilitarismo en Colombia? La pregunta la respondieron Diego Herrera, investigador del Instituto Popular de Capacitación, León Valencia, director de la Fundación Paz y Reconciliación, y Gustavo Duncan, profesor de la universidad Eafit.

IPC: No hay paramilitares, sino gente mala matando gente buena es lo que dijo el ministro Botero. ¿Existe el paramilitarismo en Colombia?

Diego Herrera: Siempre será una discusión muy compleja, porque reconocer ese fenómeno tiene tras de sí una perspectiva de que el Estado viene desarrollando estrategias que han sido empleadas en los noventa, alrededor de guerras de muy baja intensidad, y es activar estrategias contrainsurgentes. Y parte de la estrategia contrainsurgente o el complejo contrainsurgente, como lo llama Vilma Liliana Franco, es la expresión de los grupos paramilitares que en muchas de las veces entran y salen del Estado según la necesidad. Y en esa medida, tienen un comportamiento mercenario. Quiero distinguir que paramilitarismo no es igual a contrainsurgencia pero que es una de las partes de ese complejo contrainsurgente, en donde se combinan diversas formas de control y de acción militar, con la connivencia o la conveniencia del estado.

Ernesto Báez, en una intervención, fue muy claro en decir que los que eran las autodefensas hicieron un compromiso de desmovilizar y entregar las armas, lo hicieron, lo que no se desmovilizó fue la sociedad colombiana ni el paramilitarismo. Porque ellos contaban con 14, 16 mil hombres de autodefensa, entonces ¿dónde estaban los otros faltantes que aparecieron en el proceso y que no se desmovlizaron como estrategia ni como grupo paramilitar? Es cuando uno dice que ese fenómeno nunca desapareció, sino que se activa en esa lógica mercenaria cuando necesitan entrar o salir de escena. Eso para decir que eso sigue existiendo y que es una pieza fundamental de una estrategia contrainsurgente mucho más compleja.

Gustavo Duncan: No conozco exactamente las declaraciones del ministro Botero, pero no creo que sea un fenómeno paramilitar lo que hay ahora, por lo menos no es lo mismo que había en los años de las AUC, sobre todo porque la salida de las Farc de la guerra, que genera otro tipo de alianzas muy diferentes a las que existían antes. Sí hay bandas que matan gente, que trafican droga, que matan a cualquiera, ni siquiera porque ejerza una protesta social, sino a cualquiera que desafíe su control territorial, eso sí hay. Pero no se gana nada en seguir llamándolo paramilitarismo como si fuera igual a lo que sucedía, porque hay grandes diferencias entre los que existían antes y lo que existe al día de hoy, tanto en la condición como el alcance político de estas organizaciones.

León Valencia: El nombre que se inventaron en La Habana, después de un gran debate entre el gobierno y las Farc, fue herederos del paramilitarismo y lo que tenemos hoy son gente que conserva grupos armados, que conserva características de los grupos paramilitares y también se diferencian de ellos.

Cuáles son las características que se conservan: primero, que se nutren de negocios ilegales, del narcotráfico, por supuesto, de la minería ilegal, de la trata de personas, de los juegos de azar, una amplia gama de negocios que se van ampliando, es un portafolio que se va ampliando, contrabando, eso hacían los paramilitares anteriores. Quieren influir en el poder político, esa es otra característica parecida, financian campañas, presionan a electores, ayudan a hacer fraude electoral, todo eso, y financian candidatos, sobre todo en las regiones donde ellos están, eso es otra característica; intervienen en el hacer político de lo local y regional del país y también en las campañas al congreso. Segundo, ejercen labores de protección y de seguridad a empresarios, a gente de la región y mata gente para proteger negocios proteger a determinados políticos.

IPC: ¿En qué se parecen y se diferencian estos grupos de ahora con otros grupos como las Autodefensas de Puerto Boyacá o Castaño?

Diego Herrera: Una de las similitudes es que se ve que detrás del tema de degradación de la guerra, el narcotráfico es un factor que siempre está asociado. Otra es que para que esos procesos tengan la capacidad de despliegue y de operatividad, necesita que exista trabajo de relaciones y favorecimiento con agentes estatales y de sectores de la sociedad, para que sea posible, porque no solo es el actor armado, sino que es un proyecto en donde otros juegan detrás, como aparato organizado de poder.

Las diferencias están ligadas a que frente a unas lógicas de consolidación de una etapa y de un proyecto político, hoy es otra realidad política la que están enfrentando, por eso muchos de los liderazgos asesinados se dan porque están ligados puntos específicos y muy sensibles del acuerdo de paz: restitución de tierras, defensa del territorio, el tema de sustitución de cultivos ilícitos, es decir, antes fue una negociación sin acuerdos de paz firmados con las Farc, hoy es una expresión criminal con un proceso de paz caminando.

Gustavo Duncan: Antes existían las Farc y había un combate contra una guerrilla, eso generaba otra serie de acuerdos con las fuerzas militares en ese momento. Cuando se crearon las AUC, las crearon el Ejército en los años 80 y en un principio estos eran los escopeteros, luego se meten los narcos y había una relación tensa, el que mata a Galán en ese año era Jaime Rueda, que era un paramilitar, había un tema de protección del narcotráfico, pero también había implicaciones con la institucionalidad, como se demostró con lo del DAS y el asesinato de Galán. Luego está la parapolítica, había toda una estrategia de contención de las Farc, eso tenía autonomía, estaba dirigido por militares, políticos. Lo que nos encontramos hoy son bacrim o disidencias de las Farc que se vuelven casi lo mismo, ¿uno cómo puede diferenciar uno del otro?  No creo que uno pueda decir que las disidencias de las Farc son paramilitares. Lo que hay son conflictos territoriales y no una guerra nacional.

Se parecen en el control territorial, en el gobierno de la gente y en la explotación de las economías locales, sobre todo en las criminales, pero eso era mucho más poderoso, el alcance que tienen los grupos hoy dan risa. 

León Valencia:  En qué se diferencia. Primero, que ya no son estructuras verticales, nacionales, como lo lograron los paramilitares, como tal una federación, y no tienen un discurso político público, esa es la segunda diferenciación. En este momento son más redes, un poco de grupos locales que se combinan. Se han replegado y no tienen un discurso político público porque ya no funciona la idea de que son un proyecto anticomunista, eso ya no lo tienen. Otra diferencia es que se ha roto la clase política que los legitimaba por la protección de los negocios, que ofrecían seguridad como las mafias en todo el mundo, se ha deslegitimado mucho y ya se ha pensado que hay que fortalecer el Estado, y segundo, porque se han enemistado entre ellos, por ejemplo, las mafias de muchos de ellos terminaron en dificultades. Lo otro es que la sociedad es mucho más crítica de esos grupos, cuando antes los aplaudía, porque antes de ellos recibían protección y los legitimaban, se sentían respaldados y recibían beneficios.

Pero algo que hermana a todos esos grupos es la destrucción de tejido social, de opciones éticas, de capital social, sano, eso lo tratan de destruir, porque la ilegalidad le saca mucho jugo a la anomia social, de que no haya unos liderazgos, por eso tanto asesinato de líderes, porque los líderes lo que hacen es construir un proyecto de sociedad más organizado, más estable y estos grupos lo que necesitan es inestabilidad para prosperar con sus negocios ilegales.

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IPC: ¿No se debe hablar de la existencia de grupos paramilitares?

Gustavo Duncan: Creo que hay una intención política clara en nombrar la existencia de grupos paramilitares al día de hoy y es buscar algún tipo de responsabilidad en el Estado, como se hizo durante todos esos años, porque en un momento dado se le negó cualquier autonomía política a la gente como Castaño, a todos los jefes paramilitares en su momento, los tipos se tomaban como simples subordinados y eso es falso, eso no fue así, que ellos negociaran y tuvieran intereses políticos, ni siquiera es que patrocinaran campañas presidenciales, que ya sabemos de quién, claro que las patrocinaron, pero uno no puede llegar allí y reducir eso así tan conceptualmente, porque lo que quiere es simplemente achacar responsabilidades de un sector político y eso no lleva a nada, simplemente lleva al  proselitismo con la propia denominación. Creo que eso se está haciendo ahora nuevamente, siempre ha habido un sector de la izquierda que concibe un discurso porque ya no hay paramilitares como los de antes y tiene que hacer lo que sea para volver a inventárselo, cuando ya es otra cosa. Eso tiene que evolucionar, no se puede quedar en lo mismo de hace 30 o 40 años.

León Valencia: Creo que hay una equivocación y es que Gustavo ve más las diferencias de estos grupos actuales con los anteriores y no les pone ojo a las cosas comunes, a las similitudes. Ese es un error en el análisis de Duncan, me parece grave, como intelectual. Yo creo que son más las afinidades de estos grupos con los de antes, que las diferencias. Entonces el foco cada quién lo pone donde le da su visión intelectual.

La equivocación en el análisis tiene una repercusión grande en las decisiones que se tomen, por ejemplo: para mí es muy importante el plano político, en este plano se definen muchas de las acciones y su eficacia contra estos grupos, por ejemplo, un tema clave para mí es romper los nexos entre los políticos y los empresarios con estos grupos, para mí es clave eso porque hay una simbiosis en muchos lugares de esto, no son fenómenos aislados y esto es una decisión que se toma desde el enfoque, el enfoque de decir, hay muchas  afinidades con estos grupos, tienen mucha influencia en lo político, tienen un papel político. Así, muchas de las decisiones que se toman devienen del análisis político que uno tenga, bueno, ahí tenemos una controversia con Duncan.

IPC: Este gobierno y el anterior niegan la existencia del paramilitarismo. A este nuevo o viejo fenómeno se le llama bandas criminales o GAO. ¿qué hay detrás de esas denominaciones?

Diego Herrera: Esa labor semántico ideológica lo que trata es de ocultar una realidad, porque primero lo que muestra es que el proceso de desmovilización de las autodefensas fue un fracaso, porque efectivamente el fenómeno paramilitar persistió, se mantuvo un sistema de las estructuras intactas dentro de la estrategia paramilitar y contrainsurgente, y que efectivamente eso se pone en escena en una coyuntura particular en que se va avanzando en negociar un acuerdo de paz en una sociedad que está entre esas dos polaridades, una extrema derecha , afianzando otro proyecto de sociedad, y unos procesos alternativos de izquierda alrededor de la paz como sombrilla para lograr procesos de apertura política y semánticamente lo que hacen es diluir ese debate.

Gustavo Duncan: Esas son otras denominaciones que busca el Estado también con fines políticos, pero si uno quiere referirse a referentes internacionales, más como cortes de mafia, señores de la guerra, es un concepto que se está poniendo de moda ahora, pero eso es viejo, eso lo vienen hablando hace mucho y plantean que la mafia no es solo un crimen organizado, no solo venden protección, sino que gobiernan gente. Eso es lo que está pasando y es el gran problema que tiene Colombia, eso es lo que está pasando, que son el esqueleto no solo de los paramilitares, sino también de la propia guerrilla, no fue para crear otra guerrilla, a Iván Márquez le toca irse para Venezuela y a él allá solo no le van a parar bolas, en Colombia van a quedar todos esos grupos que se van a encargar de manejar una región y en el resto del país no les importa lo que pase.  Traer renta, incluso es mucho más razonable y coherente con la realidad política, social y económica de la región. ¿Quién quiere hacer una revolución comunista? Eso no tiene ningún sentido, ahí creo que se debería replantear el análisis, es decir, llámale GAO, llámalo como lo quieras llamar, pero eso hace parte de un fenómeno que sucede en muchas partes del mundo, la gente hablaba que se mexicanizó Colombia y otros que se colombianizó México y no, ahora tú tienes son carteles puros que controlan unos pedazos del territorio. Ya salió la guerrilla como el gran combatiente, como el gran enemigo , entonces ya no hay una amenaza nacional, a las Farc podías criticarle muchas cosas, pero tenían un proyecto político nacional, enmarcado en la revolución comunista, eso duró más de lo que debía durar, por muchas razones, pero ya se salió del escenario, entonces ya queda desnudo, lo que niega esa proyección de grupos paramilitares que también eran señores de la guerra, pero hay que reconocerlo, eran contrainsurgentes así fueran narcos.

León Valencia: Es que les han dado muchas denominaciones: autodefensas, paramilitares, bacrim y ahora GAO. Cada nombre tiene una intencionalidad política, cuando se nombraron autodefensas se los quería alejar de la asociación con la fuerza pública, porque cuando uno dice “paramilitar” es algo que está al lado de la fuerza y que tiene un papel colaborativo con la fuerza de seguridad, entonces lo que quisieron hacer ver como si eso fuera cosa de la sociedad. Autodefensas Unidas de Colombia. Luego cuando fueron bacrim, era decir, bueno, esto que tenía carácter político y le atribuyeron un carácter político, digamos antiestatal, se acabaron y ahora les pusimos bandas criminales sin esa connotación política. Y GAO es aún más allá, con la intención de quitarles más la connotación con la relación entre la política y los empresarios.

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IPC: ¿Estos grupos tienen un proyecto político?

Diego Herrera: Es muy difícil un reconocimiento, en tanto es una expresión que no tiene un reconocimiento por parte del Estado, sino que es parte de esa lógica criminal con la cual pueden actuar sectores del Estado, por esa labor mercenaria, entonces usted lo que le reclama al Estado es garantías y no impunidad, pero ¿Quiénes son? ¿Cómo los vas a meter en un marco de normativa internacional?

Gustavo Duncan: Sí tienen un proyecto político, pero es de un gobierno local, con implicaciones locales, ideológicamente precarios y no hay elaboración discursiva, es que no la necesitan, no se necesita un discurso para eso. Ahora, si te refieres a un proyecto político de alcance nacional que represente más que el ejercicio de poder y dominio en el terreno, no, no hay. Lo que sí existe es la intención de alcanzar algún tipo de acuerdo y un tipo de negociación, y eso se vio desde los propios paramilitares en gran parte el proyecto de Castaño.

IPC: ¿Qué pierde el gobierno con el reconocimiento de que sí hay paramilitarismo en el país?

León Valencia: Simplemente es un reconocimiento de realidades y acciones y es que tienen nexos con fuerza pública, tienen nexos con clase política, tienen nexos con empresarios y eso es una batalla que hay que dar para romper eso. Si no tuvieran esos nexos, no podrían mantenerse en la historia con una fuerza, porque bueno ¿y el dinero? ¿A dónde van? Si dicen que es del narcotráfico, la última cifra que publicó El Tiempo es del 5% del PIB, es un platal y entonces ¿eso se mueve solo en las bajas esfera?, no, eso se mueve en el sistema financiero, lo mismo con el oro, cómo se exporta aquí el oro, los que lo exportan son los bancos, pero eso se mueve legal e ilegalmente, hay cinco bancos que exportan eso, entregan el oro y reciben un dinero legal, todos esos negocios tienen una implicación legal, cuando se les aparta con el mundo de lo legal, entonces tienen una intencionalidad política.

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