Memoria, violencia y resistencia en la Universidad de Antioquia

Una línea de tiempo que recoge 300 hechos del último medio siglo es el punto de partida para que en esta institución se hable de víctimas, victimarios y responsables del conflicto armado colombiano.

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Foto: Hacemos Memoria.

“Si queremos conocer la verdad, hay que hacerlo de manera crítica y muy clara”, dijo la profesora María Teresa Uribe en junio de 2018. Sus palabras fueron recordadas a través de un video que el proyecto periodístico Hacemos Memoria hizo durante la presentación de la línea de tiempo “50 años de violencia y resistencia en la Universidad de Antioquia”.

La profesora Uribe recordó que la reparación colectiva de esta universidad debía esperar hasta que se supiera lo que había sucedido allí, “la verdad no solo pasa por los enemigos, sino por los amigos. Primero hay que empezar con el debate interno”, que la institución se mire a sí misma y que identifique sus responsabilidades en el conflicto armado.

Sin embargo, la línea de tiempo debe entenderse como un ejercicio de memoria y no como uno de verdad. En ella hay 300 hechos de violencia y resistencia del último medio siglo, entre los que se cuentan el asesinato del estudiante Fernando de Jesús Barrientos, el 8 de junio de 1973, la muerte del profesor Diego Roldán Vélez, asesinado durante una clase el 2 de marzo de 1982 o la toma de la Universidad que hicieron 700 desplazados del noroccidente de la ciudad el 6 de noviembre de 2002.

En ese universo hay secuestros, desapariciones, amenazas, asesinatos y otros tipos de violencias que afectaron a la comunidad universitaria. Razón tiene la profesora Adriana González, del Instituto de Estudios Políticos (IEP), en decir que “los estudios sobre el conflicto colombiano no han avanzado sobre el impacto y los daños causados a la docencia, la investigación y la sociedad”. Para ella, son daños por estudiarse, “es un ejercicio impostergable. La memoria es una necesidad histórica y un recurso político. Es el carácter pedagógico de la memoria, para que las lecciones del pasado contribuyan a las garantías de no repetición, a un futuro sin violencias”.

En este punto coincide la profesora Sandra Arenas, de la Escuela Interamericana de Bibliotecología, pues “la universidad, con una acción pedagógica, le muestra a la sociedad que ese paso de la memoria es necesario, es posible, que no es sencillo, porque afloran muchas emociones, versiones y posiciones distintas, señalamientos. Se abre la caja de pandora al abrir el pasado. Es la necesidad de mirarnos a nosotros mismos y ver lo que hicimos, no solo las violencias, sino las resistencias y la cotidianidad de la vida académica y universitaria en términos de la acción política.”

En este ejercicio de memoria, en el que se revisaron más de 18 mil ediciones de periódicos, “hay una narrativa más larga que ancha”, dice Manuel Alonso Espinal, también profesor del IEP y acompañante en el proceso de investigación de la línea de tiempo. Para él, debe hablarse de la Universidad de Antioquia como escenario de disputa, también de militancias políticas y académicas. “Los universitarios desplegamos formas violentas de acción política. Hemos sido víctimas pero también tenemos nuestro papel en el despliegue de formas de violencia”, añadió.

Verdad y memoria

En su libro Guerras, memoria e historia, el profesor Gonzalo Sánchez plantea que “la memoria es, en sentido profundo, una forma de resistencia a la muerte, a la desaparición de la propia identidad”, pero que, además, la memoria resalta la pluralidad de relatos y que no se interesa tanto por el acontecimiento sino por las huellas de la experiencia vivida, su interpretación, su sentido o la marca a través del tiempo.

En ese sentido, la profesora Sandra Arenas dice que “no estamos hablando de verdades, porque esos serán otros ámbitos. Por ahora, es más la construcción de una narrativa donde nos sintamos todos incluidos. Es más la memoria la que está en juego hoy. Quisimos elegir eventos que fueran detonantes de discusión sobre cosas, eventos que por su impacto son significativos y que están presentes en la memoria”.

En la línea de tiempo hay 40 hechos que fueron ampliados en términos periodísticos. Así inicia el relato de la muerte del profesor Hernán Henao Delgado: “El martes 4 de mayo de 1999, tres personas con sus rostros cubiertos irrumpieron en la oficina 243 del bloque 9 de la Universidad de Antioquia y asesinaron a Hernán Henao Delgado, antropólogo y director del Instituto de Estudios Regionales (INER). A las 4:00 de la tarde de ese día, dos hombres y una mujer se acercaron a las instalaciones de ese instituto, dedicado a la investigación sobre temáticas relacionadas con el territorio, y le advirtieron a la secretaria que harían una toma pacífica. Posteriormente, sacaron al profesor Henao de su oficina, lo llevaron a la parte trasera del instituto y, con una pistola con silenciador, le propinaron tres disparos en la cabeza.” Como Hernán Henao, fueron 57 los profesores asesinados, según la Asociación de Profesores.

La línea de tiempo es un acto provocador, una caja de pandora, como manifestaron algunas personas en la presentación. El profesor Manuel Alonso Espinal habla de este ejercicio como un aporte lógico, cronológico y narrativo de lo que sucedió en la Universidad de Antioquia. “Corresponde a la universidad y a los universitarios la pregunta del por qué pasó. Y cuando hablaba en general de que tenemos que revisar cuidadosamente lo que fue la vida política en la universidad y hablar y pensar lo que fueron las militancias de izquierda y derecha, estoy pensando en ideales de una y otra orilla que, con causas justas esbozadas por uno y otro, de alguna forma, fueron factores que permitieron que la guerra se manifestara en la universidad, que la guerra sucia tuviera por escenario la universidad, que la violencia guerrillera tuviera posibilidades de manifestarse en la universidad, que los paramilitares se disputaran ese territorio que era la universidad”.

Pero es un ejercicio de memoria, insiste el profesor Alonso: “No creo que la universidad esté preparada todavía para una investigación que tenga como objeto la verdad, porque todavía no tenemos narrativas sobre el conflicto, todavía no tenemos memorias, no sabemos qué memorias están disputando qué en la universidad, yo creo que eso es dar un salto al vacío si no reconstruimos primero las líneas de tiempo, el qué fue lo que pasó. Solo en ese momento somos capaces de dar un paso más allá. La verdad sin memorias previas es un salto al vacío”.

Por eso “50 años de violencia y resistencia en la Universidad de Antioquia” es un proyecto que puede dar pie a nuevas investigaciones sobre el conflicto y la resistencia.

Desde 2013 en la Universidad de Córdoba, por ejemplo, se conformó el Grupo Regional de Memoria Histórica para construir memoria sobre lo que ocurrió en esta institución durante los años más álgidos del paramilitarismo en la región.  En esa experiencia, de finales de los noventa y parte de los 2000, se refirieron a “la toma a sangre y fuego de los paramilitares”, que incluyó asesinatos, desapariciones forzadas, desplazamientos y amenazas, lo que implicó cambios en la comunidad universitaria. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, “los paramilitares lograron controlar los recursos públicos y en general las dinámicas sociales de la universidad desde adentro, por medio del nombramiento como rector de Claudio Sánchez, desde 2002 hasta el 2008, cuando fue capturado por el CTI debido a sus presuntos nexos con grupos paramilitares, sin embargo, actualmente se encuentra prófugo de la justicia. Sus presuntos vínculos con los grupos paramilitares fueron reafirmados por Salvatore Mancuso en versiones libres”.

En la Universidad de Antioquia, por tanto, Hacemos Memoria y otras dependencias académicas han abierto una discusión amplia y compleja. Si bien en esta institución se han hecho diversos ejercicios de memoria, es la línea de tiempo un punto de partida. En palabras de la escritora y profesora Patricia Nieto, se trata de “un instrumento para seguir conversando sobre la universidad, sobre la que cae la responsabilidad de construir la paz.”

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