Voces para transformar a Colombia está en riesgo de detenerse: Luis Carlos Sánchez

El exdirector del Centro Nacional de Memoria Histórica y quien estuvo al frente de la primera exposición del Museo de Memoria de Colombia se refiere a las medidas cautelares de la JEP para proteger el guion que se lanzó en 2018.

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En diciembre de 2018, el Gobierno nombró al politólogo e historiador Luis Carlos Sánchez como director encargado del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), cargo que ocupó hasta el nombramiento de Darío Acevedo.

Luis Carlos estuvo desde 2008 en el Grupo de Memoria Histórica, que tres años después se convertiría en CNMH. Fue investigador, lideró el grupo de Reparaciones y luego fue nombrado en 2017 como director del Museo de Memoria Histórica de Colombia, en donde estuvo encargado de, entre otras, finiquitar el guion de la exposición Voces para transformar a Colombia, la cual se estrenó en 2018 en la Feria del Libro de Bogotá y la Fiesta del Libro de Medellín, luego de un proceso de construcción de cinco años.

Al otro lado del teléfono, Luis Carlos dice que desde que salió de la institución ha intentado mantenerse al margen de las discusiones alrededor del CNMH, para evitar que se mezclen intereses personales o comentarios que indiquen que quiere mantener o aferrarse a la institución de la cual hizo parte durante una década.

En esta entrevista con la Agencia de Prensa IPC se refiere a la decisión que tomó la JEP de dictar medidas cautelares al guion Voces para transformar a Colombia, con las que se prohíbe “cualquier sustracción, modificación, alteración o eliminación de su metodología y contenido.” 

IPC. ¿Cómo se construyó el guion del Museo de Memoria de Colombia?

Luis Carlos Sánchez. Cuando llegué en 2017 a la dirección del Museo existía un documento que se llamaba Museo Nacional de Memoria, un lugar para el encuentro. Se estaba editando, el documento recogía los acuerdos a los que se había llegado en los espacios regionales. Eran acuerdos que tenían que ver con los lineamientos del Museo, es decir, con su misión, visión; también tenía que ver con las plataformas en las que iba a existir, que no solo fuera un Museo físico, sino que estuviera en diálogo con los lugares de memoria territoriales. Había, por lo menos, las indicaciones primeras sobre cómo armar un guion, una narrativa visual para el Museo.

Dentro de la dirección, con base en esas discusiones regionales, hubo una consultoría con el Cinep a través de Colciencias, y se hicieron unos espacios regionales de conversación a propósito del Museo, donde había discusiones para que este sí fuera una medida de reparación, para que contribuyera al derecho a la verdad de las víctimas y a la sociedad en su conjunto, y para que arrojara pistas sobre cómo construir los lenguajes para esa narrativa.

IPC. Voces para transformar a Colombia la conforman tres ejes: cuerpo, agua y tierra. ¿Cómo llegaron allí?

L.C.S. Voces no es un libro que uno se lee y uno entiende la tesis del autor y saca unas consecuencias. Voces era una combinación de casos repartidos en ejes. Cada caso tenía apuestas narrativas distintas.

Cuando yo llegué en 2017 a la dirección del Museo, ya había no solo la discusión de Museo, sino que habían optado por hacer lo que llamaban canastas, que finalmente terminaron en los ejes agua, tierra y cuerpo; eran canastas que sirvieron para recoger los casos, algunas variables comunes de los casos que había trabajado el CNMH, de los casos de interés que habían surgido en los espacios regionales. Entonces intentaron sistematizar lo que estaba saliendo. Me llamaron, yo estaba de coordinador de Reparaciones e investigador de la Dirección de Construcción y nos llamaban a conversar sobre los casos que estaban en las canastas y a partir de esa conversación, entre el resto de direcciones y los espacios regionales, las canastas se fueron convirtiendo en ejes narrativos y estos en personajes.

Esa versión inicial fue la que me tocó a mí. En ese momento estaban los casos que tenían que ver con identidades que fueron perseguidas en el conflicto y los daños en los cuerpos individuales de las personas, lo que llamábamos los cuerpos colectivos. Esto terminó en el eje cuerpo; había temas relacionados con medio ambiente, con los ríos, el problema de las acuafosas, que surgió con tanta fuerza en los espacios territoriales. Ese fue el eje agua; y otro que para el CNMH fue central, que son los casos relacionados con el uso, distribución y lucha por la tierra. Ese fue el eje tierra.

IPC. Cuando usted se va del Centro Nacional de Memoria Histórica, ¿cómo queda Voces para transformar a Colombia?

L.C.S. Hicimos la exposición en la Filbo y la Fiesta del libro en Medellín, en 2018. La forma como lo veía era un gran experimento, ver si funcionaba la exposición, si funcionaban los ejes de tierra, cuerpo y agua para narrar la exposición, si la selección de los casos funcionaba, lo mismo la relación texto imagen. Quería poner a prueba la exposición y, con ese fin, a través de recursos de cooperación internacional, contratamos un estudio de públicos minucioso.

Había antropólogos entre el público midiendo dónde se quedaba más la gente, medio espías para saber conversaciones que provocaban los casos. Todo eso fue objeto de examen, de análisis cuantitativo y cualitativo.

En términos generales, lo que decía es que la exposición por ejes funcionaba, pero que estos eran desiguales entre sí, que había ejes donde la apuesta era más dura en términos de esclarecimiento y que se llenaba de manera exagerada con información, sobre todo en tierra, mientras que había otros con una apuesta más estética, como en los casos de agua.

La de cuerpo era la pieza que más funcionaba, la pieza estrella, donde más se quedaban. Lo que teníamos pensado es que esos estudios fueran la base para intervenir al guion con posterioridad. Lo lanzamos para empezar a cambiarlo, por las reacciones de la gente, no por ideas sesgadas de nosotros. Lo que viéramos que funcionaba lo fortalecíamos.

En el 2018 teníamos pensado hacer algunos ajustes. Uno de ellos era la reducción de algunos textos, de intervención de la pieza de Urabá, que tenía tres líneas de tiempo entretejidas, sobre la Operación Génesis y el proceso organizativo de los consejos comunitarios, para que la gente dimensionara la complejidad de lo que estaba pasando. Era una pieza tremendamente compleja porque tenía mucha información.

Estábamos pensando que para itinerancias del año pasado [2019], de acuerdo con los intereses de las regiones, hacíamos dos cosas: o itinerar ejes o si abríamos la posibilidad de crear colectivamente casos a través de intervenciones en medio de la instalación.

Hasta donde recuerdo, estábamos con esas dos ideas. Teníamos algunas preocupaciones con algunos casos como el de Urabá y el de agua, para hacerlos más fuerte conceptualmente, incluso se habló de incluir nuevos casos, no de sacar.

IPC. ¿Cuál es su opinión sobre las medidas cautelares transitorias decretadas por la JEP?

L.C.S. Es una cosa extraña porque siento que lo que ha cambiado con Acevedo, más que esté censurando cosas, pues finalmente él ha cedido, es las reglas de producción de memoria. Más que la censura es el cambio en la forma de hacer memoria. Ya no son esos procesos sociales de construcción colectiva de contenidos, ahora son más restringidos y siento directrices más verticales a la hora de producir esos contenidos. Yo trato de imaginarme si fuera el director del CNMH y me dictan medidas cautelares sobre el guion del Museo.

No creo que él esté deshaciéndose del guion y de las piezas que se habían construido, sería un detrimento patrimonial. Muchas de esas obras están en los inventarios del Centro, están algunas avaluadas. Para destruir hay varios procesos administrativos que él debería cumplir. Él no está destruyendo los fondos del Museo, ni quemó las obras. Lo que sí está haciendo es cambiar las reglas de juego alrededor de la memoria.

Creo que las medidas tienen algo positivo que vale la pena poner de relieve y es que vuelve a poner en la escena pública un debate que se estaba diluyendo, pues vuelve a traer al centro de la discusión el tema de memoria y eso me parece positivo. Lo que ha pasado con el Centro es más sutil que una censura, han cambiado unas reglas de construcción de memoria. No sé si la medida cautelar tenga efectividad a la hora de contener los cambios en las reglas.

IPC. En el auto AT 058 de 2020, la JEP dice que a Voces para transformar a Colombia “se le han introducido cambios y modificaciones que no han contado con la participación de las víctimas, como sucedió, prima facie, en la exposición de la Colección realizada en la ciudad de Cali o entre el 26 de septiembre y el 27 de octubre de 2019”.

L.C.S. El caso de la Unión Patriótica es uno de los casos en los que nos la jugamos, conscientes de que era un caso polémico.

Lo que entiendo es que Acevedo tenía dos tipos de prevenciones con ese caso: uno, que en una parte del mural instalado aparecía Manuel Marulanda. A mí nunca me pareció mal que eso pasara, pues la historia de la UP sin vincularla con los acuerdos de la Uribe es inentendible, por eso me parecía bien que estuviera.

El argumento público que dio Acevedo es que no era un Museo para exhibir a los victimarios, sino a las víctimas, por eso no quería que saliera Marulanda, y lo otro es que era hacer proselitismo político a la UP, porque ellos ahora son un partido legal.

Yo no estoy de acuerdo, pero se deberían discutir. Lo que pasa es que él se amparó en la competencia que tiene como director del CNMH para desconocer las formas en que se venían construyendo los casos. Con Acevedo cambió que no hubo espacio para la discusión, se abrogó el cierre de la discusión en él como director.

IPC. ¿El guion está a favor de algún actor del conflicto?

L.C.S. No, en absoluto. Uno de los comentarios que recuerdo, que me dio mucho que pensar en esos días, fue de un profesor de la Universidad Nacional que nos dijo que estaba muy bien porque muestra la diversidad del conflicto, de las regiones donde fue más duro, pero que la exposición adolecía de consistencia, porque uno no sabe quién fue el responsable de todo esto, de quién fue la culpa, que esa pregunta parecía un poco diluida.

Eso me dio mucho qué pensar. Conscientemente lo que buscábamos en el guion es que fuera una provocación. Todo mundo tiene una comprensión de lo que fue el conflicto armado. La exposición debía poner a conversar a todos ellos, llevarlos a la reflexión crítica de su propia comprensión y ponerlos ante diferentes rostros sobre lo que había pasado.

Siempre fue una preocupación, cómo hago para garantizar un relato plural sin que se disuelvan las responsabilidades.

Si fuera un guion al servicio de un grupo armado o no, uno tendría que distinguir una sola narrativa construida a lo largo del guion, que todo mundo esté de acuerdo en lo que pasó en el conflicto.

IPC. En la petición del 19 de diciembre de 2019, el senador Iván Cepeda asegura que existe “un posible riesgo para los derechos de las víctimas y la sociedad a la verdad, la memoria histórica y reparación simbólica.» ¿Qué opina al respecto?

L.C.S. De entrada me parece una posición ética y política. Creo que el Museo es fundamentalmente una medida de reparación. Decidir unilateralmente sobre el guion del Museo puede vulnerar los derechos de las víctimas, lo digo ética y políticamente, no sé jurídicamente. Políticamente sí es complicado que como funcionario uno termine vetándola o renunciando a ella porque no le gusta o se siente incómodo con ella.

Otra cosa es que uno legitime memorias que justifican el daño de otras o que niegue lo que pasó con otros o que tergiverse o proyecte estereotipos o estigmas.

IPC. ¿Voces para transformar a Colombia está en riesgo, como argumenta el senador Iván Cepeda?

L.C.S. No creo que se vaya a destruir Voces, ni que se vayan a destruir archivos de los encuentros o actas de reuniones. No creo que esté en riesgo de desaparecer, pero en otro sentido Voces está en riesgo de detenerse. Voces es un proceso. Como proceso parece que se hubiera detenido, que se convirtió en una exposición más del CNMH bajo la dirección de Acevedo, una exposición que recoge algunas cosas de la exposición de antes. Creo que Voces no está en riesgo de desaparecer, sino que está detenida, no está muerta, sí se exige que se ponga en movimiento.

De pronto soy optimista, pero cuesta creer que un director de memoria, con todos los ojos encima, se tome una atribución de ese tipo para destruir los archivos en algo en lo que se destinó tanto tiempo y recursos. A mí me parece que vale la pena reactivarlo, eso se lo dejo a las víctimas y a la ciudadanía, para que no digan que yo quiero ser otra vez director.