Rafael Barrientos lleva en una bolsa naranja la copia de lo que es su tesoro: los planos que elaboró mientras era sepulturero en el Cementerio Universal de Medellín y en donde dejó constancia de la ubicación de los cuerpos no identificados (CNI), a los que generalmente se les llama desaparecidos o NN. Es el tesoro de Rafael porque, dice, su intención ha sido darle alegría en medio del dolor a las familias que buscan a los suyos.

A finales de 1990 empezó a trabajar en el Cementerio Universal. Los primeros cinco meses fueron horribles, recuerda. El olor de los muertos estaba impregnado en su ropa, no se marchaba de su nariz, por eso dice que aguantaba hambre, que no era capaz de comer en el trabajo.

“Cierto día llegó una señora buscando a su hijo de diez años”, dice Rafael, mientras se toma un café oscuro. “A mí me tocó el corazón. En su dolor rogaba a Dios que encontrara a su hijo. Fue a la administración del cementerio y no le dieron respuesta. Yo pensaba que alguien tenía que decirles a las familias si está o no está su familiar”.

En el 2001 aprovechó un curso sobre planos en el Sena, más su experiencia como oficial de construcción, y empezó a elaborar un “croquis” en las horas de almuerzo. Se sentaba al frente de las tumbas y anotaba el número de las bóvedas. En las noches trazaba y dibujaba todas las zonas del Universal. Porque hay que decirlo, desde 2010, con la Ley 1408, todos los cementerios del país deben tener una zona para ubicar los cuerpos no identificados, pero era tal la magnitud de la desaparición forzada, 2.818 CNI entre 1980 y 2015, según el Ministerio del Interior, que todos estos cuerpos de los cuales no se sabe su identidad, mucho menos su familia, fueron enterrados en las 29 zonas del cementerio: unos en tierra, otros en bóvedas, incluso en fosas comunes.

Un funcionaría de la Fiscalía, quien pidió la reserva de su nombre, cuenta que en 2003 encontraron 18 cuerpos en la Comuna 13. Nueve fueron identificados y los otros, llevados al Cementerio Universal. Más de una década después, gracias a Rafael, fue posible encontrar e identificar dos de los nueve cuerpos. Para esta persona, Rafael Barrientos ha sido una pieza clave a la hora de buscar a los desaparecidos, pues este cementerio tiene problemas históricos con el manejo de la información: se sabe, por ejemplo, que su archivo no estaba organizado, fueron cremados dos mil cuerpos, entre ellos CNI, como lo reveló la Agencia de Prensa IPC; que en las tumbas no han encontrado cuerpos sino restos de animales o piedras o ropa de laboratorio. Por eso, ante el desorden y las irregularidades, Rafael fue clave para encontrar cuerpos que luego fueron identificados y entregados a sus familias.

Un cementerio sin Dios ni ley

Hay personas en el Universal que hablan de mitos. Mito que se cremaron cuerpos, incluso de CNI, mito que con una máquina retro se destruyó la zona 16. Hablan de mitos porque son pocas las fuentes que lo corroboran, como lo reveló hace poco un informe de la Agencia de Prensa IPC en el que confirma la cremación. En algunos casos se habla de Rafael como un fabulador, como alguien que pudo inventarlo, incluso, que la gente que pasa por el cementerio termina con problemas mentales.

La cremación de cuerpos existió, algo que sucedió hace más de dos décadas, pero de lo que ahora se conocen detalles. Rafael cuenta que la administración del Cementerio decidió cremar 2000 cuerpos, entre los que estaban los ubicados “en fosas comunes”. Algunas de las cenizas están bajo tierra y otras, cuenta, “estuvieron en la bodega que utilizábamos como almacenamiento».

También se refiere a las fosas comunes que existen en el cementerio. “No hay cómo identificar a alguien”, dice, dado que esos cuerpos han sido removidos, las bolsas que los contenían están rotas o destruidas.

Que no es mito el uso de la retro, asegura. Lo dice el Ministerio del Interior en un informe diagnóstico sobre el Universal y también lo cuenta Rafael. Con esa maniobra “se tumbaron cruces, eliminando toda información inédita del cementerio como la primera numeración del maestro Pedro Nel Gómez, más información de fecha de nacimiento, fecha de muerte y mensaje que dejaba la familia”, agrega.

“Nos tocaban entierros tan duros que ellos elegían fosas o bóvedas y no se les podía cobrar nada”, dice Rafael al recordar las milicias o las bandas que utilizaban el Cementerio a su antojo. “Un día fueron a enterrar un pillo del Popular. Llegó la policía y todo mundo descargó las armas en el ataúd. Como un mes estuvo metido eso allá”, cuenta entre risas. En ese momento les advirtieron a varios sepultureros que, si se perdía alguna arma, tendrían que responder por ello.

Un mes después los tipos volvieron, abrieron la bóveda, sacaron el cadáver y las armas “y bebieron y fumaron”. Se fueron “y nos dieron la orden de tapar la bóveda”.

Las historias que cuenta Rafael no dejan de ser increíbles. Cuenta que hubo una época en la que lo atracaron en el interior del cementerio o que los sepultureros tenían que guardar sus pertenencias en las mismas bóvedas.

El 7 de abril de 2014 se pensionó y dejó el Cementerio. Pero su vida siempre lo lleva allá, a pesar de que dejó su trabajo y de que se ha desplazado tres veces en Medellín por amenazas de los combos. La JEP y la Alcaldía de Medellín han revisado sus planos y esperan encontrar respuestas en ellos para saber la ubicación de los cuerpos no identificados. Porque es otra desgracia en este país llamado Colombia. Las víctimas de desaparición también están desaparecidas en los cementerios.

Lea también: En el Cementerio Universal cremaron cuerpos de personas desaparecidas

3 Comentarios

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