“En este momento estoy en un municipio lejano de Ituango. Me salí calladito, sin decirle a nadie. Solo me despedí de la comunidad. Salí con mi familia, estoy en un pueblo muy sosegado, donde puedo comer y dormir con tranquilidad”, dice Roberto* al otro lado del teléfono.

Era líder de una Junta de Acción Comunal en Ituango y decidió irse de su vereda el 19 enero, cuando por fin tuvo el dinero para salir con cinco miembros de su familia y lo poco que podían llevar para no levantar sospechas de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), quienes lo venían amenazando desde octubre de 2020.

“Resistí durante tres meses”, agrega Roberto, tuvo que esperar que pasara la cosecha cafetera para tener el dinero para huir de Ituango, pagar el primer mes de arriendo en otro municipio y comprar 200 mil pesos en el mercado que hoy está comiendo su familia, a la espera de que pueda encontrar un trabajo.

El de Roberto podría ser un caso más de desplazamiento forzado, sin embargo, su huida de Ituango es un hecho que preocupa a comunidades campesinas de las veredas El Cedral, El Zancudo y Las Cuatro, en donde fueron asesinadas cuatro personas en los últimos tres meses, a manos de las AGC, señalándolas de ser supuestos colaboradores de la guerrilla, justo en una zona donde las antiguas Farc tuvieron el control y hoy sus habitantes cargan con el estigma de ser supuestos guerrilleros. A esto se le suma el reciente desplazamiento, el 25 de enero, de cerca de 20 personas del corregimiento Santa Rita.

“La comunidad entera quiere que se dé cuenta y que se denuncie que la fuerza pública no está haciendo la tarea como se debe hacer con los grupos armados, porque los asesinatos están pasando donde está la fuerza pública”, asegura Emilio*, otro campesino que pide ocultar su nombre para poder preservar su vida en Ituango.

¿Hay complicidad entre AGC y Ejército?

Tres líderes campesinos con los que conversó la Agencia de Prensa IPC aseguran que les llama mucho la atención que hayan ocurrido varias muertes luego de que el Ejército hubiera abandonado algunos puntos poblados, lo que fue aprovechado por miembros de las AGC.

Sin precisar el día, los campesinos aseguran que a finales de noviembre fue asesinada una pareja de esposos en la vereda El Zancudo. Dice una fuente que llegó las AGC, “sacaron a la esposa, Alba Ligia, la asesinaron cruelmente y luego a él, John Edison. Tenían un estaderito en toda la carretera. En una parte de esas pasa mucha gente, y los tildaron de ser colaboradores de las disidencias del frente 18 de las Farc”.

Pocos días después, el 7 de diciembre de 2020 en la vereda El Cedral, las AGC asesinaron a Diego Piedrahíta, reconocido líder de la vereda, quien tenía una tienda. Tocaron la puerta a las seis de la mañana, abrió pensando que era un cliente y lo mataron frente a su esposa. Iba a cumplir 33 años y era padre de una niña de dos años. Asegura José* que el Ejército llevaba alrededor de un año haciendo presencia permanente en ese lugar, que se fueron durante cuatro días y las AGC ingresaron y asesinaron a Diego. Media hora después del suceso el Ejército regresó y desde entonces permanecen allí. Hubo miembros de la comunidad que increparon a los militares y les señalaron que sospechaban de su relación con los paramilitares.

La última víctima mortal fue Alfredo García, miembro de la Asociación de Campesinos de Ituango. El pasado 10 de enero, miembros de las AGC lo asesinaron en su casa, en la vereda Las Cuatro. Señala José que “la fuerza pública siempre ha estado en Las cuatro. Todas las autoridades han sabido del grupo que anda por allá, que anda uniformado como el Ejército, con prendas militares, y el Ejército en muy pocas ocasiones se ha hecho sentir. Pero cuando pasa algo, que la gente les reclama, el Ejército, por amortiguar el tema, hace una cosita y vuelve y se relaja.”

Agrega Emilio que “todas las comunidades les hemos pedido al Ejército que monten bases militares, que realmente el Ejército haga el patrullaje. Pedimos que nos brinden seguridad, no tenemos minería ni coca, vivimos de un palo de café. Ituango está sufriendo el flagelo de los grupos armados.”

Aunque José dice que le tienen más temor a las AGC que a las disidencias, pues en el pasado “fuimos muy aporreados por la guerrilla”, y los paramilitares hoy los consideran colaboradores de la guerrilla, “ese es nuestro problema”.

Sin embargo, para Mauricio Mira, alcalde de Ituango, en el pasado hubo relación entre el Ejército y los grupos paramilitares, pero no cree que sea así ahora. “Hasta a la administración la han señalado. Hemos hecho denuncias de la extorsión de los disidentes y los paramilitares. Desde mi posición, si viera que hay relación de las fuerzas militares con los paramilitares también haría la denuncia”, dice.

Si bien los campesinos piden que el Ejército permanezca en sus veredas, para evitar que otros actores armados ingresen, el alcalde Mira dice que no tiene incidencia en las decisiones del Ejército y el Gobierno Nacional. A pesar de las solicitudes y denuncias que ha hecho, “hay que entender también que en los Grupos Armados Organizados (GAO), sean disidencias o grupos paramilitares, parte de su estrategia militar es acosar a la comunidad y amenazarla para que soliciten el Ejército en ciertos sectores.” Según él, es una estrategia que están utilizando los grupos armados.

Al preguntarle por el desplazamiento forzado de Roberto, el alcalde señala que en Ituango hay “desde hace muchos años estos grupos armados o cualquier persona a nombre de estos hacen boleteo y extorsiones. Hay gente que hace de las suyas a nombre de las GAO.”

¿Qué se disputan los grupos armados en Ituango?

Dice la Defensoría del Pueblo en la alerta temprana 004 del 24 de enero de 2020, que en Ituango hacen presencia las disidencias del Frente 36 y el Frente 18 Román Ruiz de las antiguas Farc, así como las AGC, y que estos grupos se están fortaleciendo económicamente por “dinámicas trasnacionales asociadas al narcotráfico internacional, que les ha permitido asegurar el control en zonas estratégicas, en las que unos y otros buscan frenar al avance militar de su contendor.”

Mientras las AGC han conformado un corredor que les permite comunicarse y moverse desde Tarazá y Peque hasta la subregión Bajo Cauca, “buscando afectar así la capacidad de actuación que el Frente 18 pudiese lograr al fortalecer su presencia desde el Nudo de Paramillo en el sur de Córdoba hacia el corregimiento de Santa Rita en el municipio de Ituango”, el Frente 18 Román Ruiz, agrega la Defensoría, aseguró un corredor que le permite moverse en las márgenes oriental y occidental del río Cauca entre Ituango y Briceño, así como ha fortalecido su presencia en todo Ituango.

Que Ituango sea un lugar estratégico para los actores armados no solo se debe a su ubicación geográfica y a su topografía, sino que por allí también están las economías ilícitas del oro y la coca. 

Para el alcalde, “Ituango tiene ya muchos títulos mineros en el área rural. Casi todo el municipio, a excepción del Nudo de Paramillo. No han iniciado y no estamos de acuerdo con eso. Por el sector del Bajo Cauca y en los límites con Córdoba, vienen unas maquinarias trabajando. El ejército ya ha quemado dos máquinas. Me imagino que es lo que estos grupos ilegales están planeando, que cuando lleguen estas empresas puedan cobrar extorsión.”

En noviembre del año pasado, el Ejército y la Policía destruyeron maquinaria que era utilizada para explotar oro en la vereda El Socorro. Según fuentes oficiales, eran propiedad de las disidencias del Frente 18 al mando de “Ramiro” o “Rogelio Guerrero”. A la minería ilegal se le suman las solicitudes de Minerales de Córdoba. De acuerdo con Generación Paz, “Minerales de Córdoba (empresa con casa matriz en Canadá) y otros han presentado 18 solicitudes mineras que pasan por las veredas Santa Lucía, Bajo inglés, El Cedral, Georgia, San Agustín Leones, Quebrada del Medio, San Isidro, La Miranda y otras.”.

Corantioquia no ha otorgado aún licencias ambientales para la explotación minera, pero varias fuentes coinciden en que los grupos guerrilleros y paramilitares quieren controlar estos territorios ante la posibilidad de obtener nuevas rentas producto de la extorsión.

Para la Defensoría, las extorsiones en Ituango se han incrementado desde el 2018 por guerrilla y paramilitares y que el cobro ha recaído sobre “comerciantes, trabajadores de empresas relacionadas con proyectos de infraestructura, funcionarios públicos, productores agropecuarios, transportadores y algunos presidentes de Juntas de Acción Comunales de veredas como El Cedral y la zona comprendida entre las veredas La Florida, Palo Blanco, Guacharaquero y La Honda, entre otras.” Además de la extorsión han aumentado los desplazamientos forzados, los homicidios y los secuestros.

Con relación a la coca, dice el alcalde de Ituango que hasta el año pasado “quedaban 40 hectáreas con hoja de coca”. Sin embargo, los cultivos ilícitos aumentaron desde 2016 (305 hectáreas), en 2017 había 865 ha, en 2018 se identificaron 882. Lo paradójico es que, en 2019, de acuerdo con la Gobernación de Antioquia, en ese municipio fueron erradicadas 1.194 hectáreas, más de la coca identificada en el territorio. Luis Pérez Gutiérrez, exgobernador de Antioquia, aseguró que era un éxito su programa Antioquia libre de coca, en el que priorizó la erradicación forzada. Según el Simci, en 2019 en el departamento había 14.403 hectáreas de coca, pero fueron erradicadas 22.235. La resiembra alcanzó a superar el 100%.

Ante este contexto, Deicy Hurtado, profesora del Instituto de Estudios Políticos (IEP) de la Universidad de Antioquia, cree que han sido afectados los procesos organizativos de los campesinos en Ituango, pues el asesinato de líderes comunitarios y el desplazamiento de otros está generando miedos y dificultando el avance de proyectos en los territorios. “Les ha costado mantener sus formas para seguir trabajando en pro de la vereda. El Roblal fue una vereda donde las Farc tuvo presencia muy fuerte y ahora es un estigma que los acompaña con estos nuevos actores. Incluso, es un estigma con el que tienen que lidiar con el Gobierno local.” Y agrega que Ituango “es un territorio extraño, con unas violencias persistentes, pero también con fuerza para resistir y seguir trabajando.”