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“No permitiré que trabajo en derechos humanos se debilite”: Personero de Medellín

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“No permitiré que el trabajo de la Unidad Permanente de Derechos Humanos se debilite”, declaró el Personero de Medellín, Jairo Herrán Vargas, al tratar de cerrar un capítulo de su gestión al frente de esta dependencia de control tras la sacudida política que representó la renuncia de Jorge Ceballos al cargo de Personero Delegado para los Derechos Humanos y Coordinador de esa Unidad.

 

Inmerso en un sinnúmero de artículos de prensa publicados en la última semana que daban cuenta del debate surgido a propósito de la decisión de Ceballos y de las especulaciones sobre su renuncia, Herrán Vargas habló ampliamente con la Agencia de Prensa IPC, que lo buscó para aclarar varios puntos que se agitaron en los últimos días sobre las razones que tuvo el funcionario dimitente para ratificar su propósito de dejar el cargo.

 

Lo que ha dejado en claro el Personero de Medellín es que los problemas con Ceballos venían de tiempo atrás y se circunscribían a asuntos administrativos y de enfoque en el tema de los derechos humanos en la ciudad, lo que descarta la existencia de “fuerzas oscuras” detrás de esa decisión, reduciendo el asunto a un problema interno que alcanzó, en tan sólo una semana, altos niveles de discusión y de especulación.

 

¿Ya le aceptó la renuncia a Jorge Ceballos como Personero Delegado para los Derechos Humanos y Coordinador de la Unidad Permanente para los Derechos Humanos?

Oficialmente no, pero mi decisión, tomada el fin de semana pasado, es aceptar esa renuncia.

 

¿Usted se la pidió de manera directa, sin mensajes subliminales?

El 20 de agosto tuvimos, él y yo, una reunión, examinamos los problemas que hasta ese momento existían y la conclusión fue que Jorge Ceballos había cumplido un ciclo y no debería ir más. Al otro día presentó su renuncia.

 

¿No siente que este asunto se salió de las manos y generó bastante ruido?

He tenido un sentimiento de sorpresa, porque si bien existían diferencias evidentes desde el punto de vista administrativo, del enfoque sobre el tema de los derechos humanos y del manejo que Jorge Ceballos hacía de la Unidad, en ningún momento preví que la situación llegara a este punto.

 

¿Realmente no hubo presiones de ningún sector en Medellín que derivaran en la renuncia de Jorge Ceballos?

Que quede muy claro que la situación de violencia que vive hoy la ciudad de Medellín no tiene relación ninguna con la salida del doctor Ceballos de la Personería. Tampoco han existido presiones políticas de ningún concejal ni del Concejo de Medellín; así como tampoco de las comandancias de las Fuerzas Militares, la Policía Metropolitana o la Policía Antioquia, ni de fuerzas paraestatales, mafias, o grupos ocultos de poder.

 

¿Cuál es su verdad de todo esto?

La verdad es que se trataba de diferencias de tipo administrativo entre el Personero de Medellín y Jorge Ceballos; además, de diferencias de visión y de enfoque sobre el tema de los derechos humanos en la ciudad y sobre el manejo que debía dársele a la Unidad Permanente de Derechos Humanos.

 

¿Cómo entender entonces el cambio de versiones que dio Ceballos hasta llegar a concretar que renunciaba por diferencias con usted?

Creo que a Ceballos le faltó entereza para explicar las cosas tal como eran desde un comienzo. Su renuncia fue de naturaleza irrevocable y el resultado no de una decisión coyuntural, sino de un acumulado de diferencias que, desde el primer cuatrienio, yo las soporté, las limé y concilié. Cuando anuncié su retiro, no quise referirme a estos temas internos porque yo ya había tenido una larga conversación con él y habíamos concluido que su salida debía ser conforme a los resultados de la gestión que habíamos tenido en la Unidad y por la puerta grande.

 

Pero me da la sensación que luego de presentar la renuncia se arrepintió y arrancó con una serie de versiones que crearon una confusión enorme en la ciudad, que me colocó a mí como una especie de foco de presiones; y, por otro lado, comenzó a promover una especia de plebiscito de respaldos a través de varias organizaciones sociales, algunas de ellas internacionales, para que me exigieran que rechazara la renuncia.

 

Aunque aún no suenan candidatos para suceder al Personero Delegado para los DD.HH, se creará una comisión para buscar la persona idónea para el cargo.
¿Cómo fue el trabajo con Ceballos durante su primer periodo, entre los años 2005 y 2007?

En ese periodo se presentaron problemas administrativos y de manejo del talento humano, adicionados a una serie de situaciones complicadas en el tema del enfoque de la misión de la Unidad. Por eso, para este segundo periodo, lo ratifiqué bajo el condicionamiento de que él cumpliera con un catálogo de directrices, trece en total, todas ellas administrativas. Se portó juicioso un tiempo, pero luego volvieron las dificultades.

 

¿Qué diferencias administrativas tenían el Personero de Medellín y Jorge Ceballos?

Me da pena manifestarlo, pero le pongo un ejemplo: toda persona que trabaje en la Personería de Medellín se tiene que someter a las normas internas y de calidad, y tiene que cumplir todos esos parámetros apoyado en la tecnología. Pero Ceballos era contrario a estas normas, consideraba que eran producto de la empresa privada imperialista y alegaba que en la Personería no se hacían botellas. Además, no se sometía a  otras instancias de la estructura de la Personería ni a dictámenes de otros directivos.

 

¿En el ámbito del enfoque de derechos humanos que los distanció?

Uno de las mayores contradicciones con Ceballos tenía que ver con el uso de las estadísticas. Su criterio era que una sola violación a los derechos humanos es tan significativa como diez mil, cincuenta mil o las que sean. Y al menospreciar las estadísticas, no podíamos tener los debidos soportes que respaldaran nuestros pronunciamientos. Además, esa actitud se prestaba para generalizaciones que, en muchas ocasiones, ayudaban más a la invisibilización de los responsables de las violaciones de derechos humanos que a ubicarlos. Uno no puede decir que la Policía vulnera los derechos humanos porque, de esa manera, se esconde a los vulneradores.

 

¿Qué otras contradicciones se presentaron?

Una de ellas, la última, se relacionó con la visión sobre la aplicación de los toques de queda en varios sectores de la ciudad. Mientras yo afirmaba que a esa medida había que darle un compás de espera y evaluar los resultados para determinar si le conviene o no a la ciudad, el doctor Ceballos saliera, de manera apasionada, a decir públicamente que la Personería de Medellín rechazaba esa medida. Yo no podía permitir esa situación.

 

También había divergencia en el procedimiento de adelantar requisas policiales en algunas instituciones educativas de la ciudad. Ceballos decía que vulneraba los derechos de la infancia y la adolescencia. Pero yo tengo otro criterio: si hay un grupo de estudiantes que se va configurando en un embrión de combo, empleando armas de todo tipo para intimidar a sus compañeros y a los docentes e iniciar el ejercicio de prácticas delincuenciales, hay que hacer ese procedimiento para garantizar los derechos humanos fundamentales de la comunidad estudiantil.

 

¿En suma, usted admite que se cansó de Jorge Ceballos?

La verdad es que sí. Esto ya me tiene agotado. Siento que él ha tenido una actitud de deslealtad conmigo y que no ha sido honesto con la institucionalidad, al llevar a que las organizaciones no gubernamentales locales, nacionales e internacionales estén pensando que hay una confabulación perversa de unos sectores oscuros en contra de él.

 

Justamente con todo este escándalo, algunos sectores sociales, no gubernamentales locales, nacionales e internacionales, como Human Rights Watch, temen que se debilite el trabajo de derechos humanos en Medellín. ¿Usted garantiza que ello no ocurrirá?

Por convicción ética, personal, de tipo moral, íntima, he sido un convencido de la defensa de los derechos.  De tal manera que yo no voy a permitir que el trabajo de la Unidad Permanente de Derechos Humanos se debilite; al contrario, la vamos a mantener con el perfil que traía y buscaré fortalecerla en todos los sentidos.

 

¿En todo este tema, usted ha tenido la oportunidad de hablar con el alcalde Alonso Salazar? ¿Qué le dijo él al respecto?

Sí, hablé con él domingo pasado y tocamos el tema. Me manifestó que si bien todo este asunto era muy crítico para la Personería de Medellín, respaldaba la labor que hemos venido realizando y expresó su reconocimiento a la independencia de la entidad como organismo de control en el tema de los derechos humanos.

 

¿Cuál es el perfil que debe tener el nuevo Personero Delegado para los Derechos Humanos y Coordinador de la Unidad Permanente de Derechos Humanos?

Necesariamente debe ser abogado con algunas especializaciones, sobre todo en derechos humanos y con trayecto en el área. Además, debe ser una persona honesta material e intelectualmente; comprometida con los derechos humanos como mecanismo para lograr el progreso de la ciudad; que conozca de derechos humanos y de derecho internacional humanitario; que haya estado en la docencia universitaria; que se pueda comprometer de tiempo completo con la Unidad; que tenga un alto sentido de la ética y de la moral pública; que sea propositivo; que mantenga una buena relación con sus compañeros, reconociéndole a cada uno su dignidad y respetándole su diferencia; que no estigmatice a nadie por su procedencia política e ideológica; que acate las directrices del Personero, y respete la institucionalidad.

 

¿Tiene ya hojas de vida o ha hablado con sectores políticos conversando con usted para nombrar a alguien?

La verdad es que no tengo a nadie todavía. Lo que he pensado es encargar a alguien mientras tomo alguna decisión.