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Ciudadela Nuevo Occidente: albergue de sueños y dificultades

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Desde su nuevo apartamento, Carlos Manuel Loaiza puede divisar, a la distancia, el barrio en el que vivió por más de 11 años: Moravia. Allí, junto al morro de basuras, en un sector conocido como El Oasis, levantó con sus propias manos su casa, la misma que un voraz incendio arrasó el 27 de febrero de 2007.

La conflagración, que dejó más de 400 personas damnificadas, aceleró las acciones adelantadas por la Alcaldía de Medellín a través del Plan Parcial para Moravia 2004-2011, que dispone la creación de un Macroproyecto de Intervención Integral que busca, entre otros componentes, la reubicación de 3.600 familias que habitaban el morro y sectores aledaños declarados como de “alto riesgo no mitigable”.

Los pobladores ya no tenían más excusas para aferrarse a ese lugar considerado por organismos ambientales como “inhabitable”. Así lo pensó Carlos, al enterarse que él y otras 71 familias serían los primeros del grupo de damnificados en ser reubicados en la urbanización La Aurora, uno de los sectores de Ciudadela Nuevo Occidente, que hace parte del conjunto de soluciones de vivienda de interés social que construye la administración municipal en el sector Pajarito, zona de expansión situada en inmediaciones del corregimiento San Cristóbal.

Además de vivir en un apartamento mucho más cómodo, seguro y libre de contaminación ambiental, Carlos y los demás reasentados del barrio Moravia contarían con un permanente acompañamiento psicosocial, un agresivo plan de capacitaciones para el empleo, posibilidades de acceder a créditos para proyectos productivos y postulaciones para programas de “capital semilla”.

Pero hoy, dos años después de su tragedia y poco más de un año de su traslado a la Ciudadela, Carlos ha perdido el entusiasmo de un “cambio radical en su vida”. Los problemas de adaptación al nuevo entorno y el “incumplimiento en los proceso de acompañamiento”, lo tienen sumido en un profundo pesimismo.

Yo vendo dulces en el centro de Medellín y como Moravia es tan cerca de todo, pues caminaba o hacía otros trabajitos ahí cerca de la casa. Pero aquí, tan lejos de todo, con tantos problemas para moverme, no me estoy ganando ni para comer. No he pagado la cuenta de servicios públicos, estoy casi aguantando hambre”, cuenta Carlos.

Su situación es similar a la de su vecina Marta Pérez, también reasentada del sector El Oasis. Ella advierte que los procesos de acompañamiento prometidos a la hora del traslado no han sido suficientes y no han funcionado.

Las capacitaciones que ofrecieron no surtieron mucho efecto. La gente tenía más fuentes de trabajo en Moravia. Aquí, las posibilidades de acceder a ‘capitales semillas’ a través del Presupuesto Participativo, para montar negocios, beneficia a un grupo muy pequeño. Aquí falta mucho proyecto para generar empleo”, dice Marta.

Lo anterior, dice la mujer, ha derivado en una situación de pobreza que tiene a decenas de familias en una crisis social bastante delicada: “Hay gente desconectada por montones. Pero eso no es lo más triste: aquí en Pajarito hay varias, pero varias familias que se van caminando hasta Moravia a rebuscarse la comida allá, porque si se quedan aquí, pues aguanta mucha hambre”.

A esto se suman los constantes problemas de convivencia que aquejan a buena parte de los bloques de La Aurora. “Tenemos muchos problemas de convivencia. El manejo de las zonas comunes ha sido un lío. Nos dieron un manual de convivencia cuando nos trasladaron a los apartamentos, pero existe una pequeña dificultad que no tuvo en cuenta el Macroproyecto: hay gente que no sabe leer y los que saben, simplemente no les gusta”, señala Marta.

 

Problemas en apartamentos

A juicio de un grupo de líderes consultados por la Agencia de Prensa IPC, el principal descontento de un grupo de antiguos pobladores de Moravia reubicados en la ciudadela Nuevo Occidente guarda relación con la calidad de sus nuevos apartamentos.

Uno de los inconformes es Nelson Muñoz, quien vivió cerca de 6 años en el barrio El Bosque y desde hace dos reside en la urbanización La Huerta, otra de las urbanizaciones que compone Ciudadela Nuevo Occidente y a donde han sido llevadas más de 350 familias de Moravia.

Para él, lo acogedor de su apartamento contrasta con las vicisitudes que padece cada vez que llueve. “Cuando hay un aguacero, el agua lluvia se filtra por las paredes, las goteras son bastantes. A mí, personalmente, se me han mojado muchas cosas como camas, el comedor, los muebles, el televisor, por cuenta de esa situación”, relata Nelson.

Un rápido diagnóstico de esta situación hecha por varios líderes de La Huerta, un número cercano a los 150 apartamentos ubicados en plantas bajas y últimos pisos presentan problemas de humedades ocasionadas por la filtración de aguas lluvias.

Hace dos años venimos diciendo lo mismo y nadie nos ha hecho caso. En mi apartamento, por ejemplo, las paredes están bastante mohosas por culpa de la humedad”, añade a su vez José Luís Martínez, otro habitante de La Huerta proveniente de Moravia.

Con todo y ello, hay una situación que preocupa aún más a estos líderes: el hacinamiento de varias familias en un solo apartamento. Según estos líderes, en viviendas concebidas para cuatro o cinco personas están habitando hasta 13 y 14 miembros de una familia, lo que está acelerando el deterioro de algunos elementos de las casas como lavaderos, baños y puertas.

 

Desestiman quejas

Según la Gerencia de Vivienda y Hábitat de la EDU, de un total de 3.230 viviendas que actualmente se encuentran habitadas, sólo se han documentado 230 quejas denominadas “reclamos de post-venta”, cifra que consideran relativamente baja para un proyecto de esta envergadura. Los reclamos, según esta dependencia, hacen referencia a situaciones que, en algunos casos, no son posibles de detectar cuando los apartamentos están desocupados.

Uno de esos casos es el de las humedades que afecta a los primeros pisos. De acuerdo a un funcionario de la Gerencia, éstas obedecen a un defecto de diseño que ya está siendo corregido en los proyectos nuevos e intervenido en los ya habitados, aunque reconoció que el duro invierno que ha azotado a Medellín los dos últimos años no ha permitido solucionar completamente el problema.

Sin embargo, el funcionario señala que no necesariamente todas las quejas expuestas por la comunidad son competencia de la empresa constructora o la empresa interventora, en este caso la EDU, sino que obedecen más a la complejidad que conlleva el reasentamiento de un barrio como Moravia, proceso piloto en el país.

Si en un apartamento que estaba pensado para cuatro personas están viviendo más de 10 personas, es apenas obvio que algunas cosas se deterioren mucho más rápido, como las pomas de los baños o las chapas de las puerta y son ese tipo de quejas las que recibimos constantemente”, señala un funcionario de esta dependencia.

Según el funcionario, se han detectado casos de conexiones ilegales a los contadores de agua y luz, mala disposición de los residuos sólidos y la construcción de algunas mejoras sin las disposiciones técnicas adecuadas, lo que termina deteriorando la edificación.

En este sentido, la EDU incluirá un fuerte acompañamiento social a los residentes de Nuevo Occidente que hagan parte de procesos de reasentamientos, con el fin de generar una cultura del buen uso de la vivienda, “aspecto al cual muchos no estaban acostumbrados”, como acota el funcionario.

Si bien los representantes de la comunidad aceptan que se han presentado casos de indisciplina social, también exigen la posibilidad de un diálogo más asertivo tanto con la Gerencia del Macroproyecto como con la EDU, pues aseguran que muchos de las dificultades planteadas debieron haber sido previstas antes de la reubicación.

Como dice Nelson Muñoz, “la gente sabía cómo se vivía en Moravia y eso no se cambia de la noche a la mañana. Lo que le duele a uno es que, como en las quejas de las viviendas, la EDU viene y lo escucha, pero sale con toda clase de respuestas. Mejor dicho, con ellos no se puede alegar”.

 

 

Actualizado ( Miércoles, 20 de Mayo de 2009 15:02 )  

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