Espacio de Opinion IPC

Wednesday
April 23
Text size
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

Un silencio inexplicable (*)

E-mail Imprimir PDF
( 1 Vote )

Puede sonar a exageración para algunos, pero por lo menos en los últimos 30 años los efectos deletéreos del conflicto armado, ya sea en sus expresiones rurales o urbanas y provocado por la acción de las derechas o de las izquierdas, son atribuibles al narcotráfico como uno de los  grandes responsables en tanto cambió con su presencia, de una manera radical, la dinámica de la guerra hasta el punto de que el gobierno se vio obligado a negociar en varias oportunidades con estas organizaciones.

Una de ellas tuvo lugar durante el gobierno de César Gaviria Trujillo, que permitió la entrega de Pablo Escobar y la última, con el paramilitarismo, negociación que en el fondo permitió que un grupo importante de narcotraficantes se postularan para los beneficios otorgados por la Ley de Justicia y Paz. Esto vale la pena recordarlo pues aún causa sorpresa, escozor y hasta repudio cuando se habla de negociaciones con los narcotraficantes o de legalizar las drogas.   

Después de diez años de implementación del Plan Colombia, acuerdo firmado entre el Gobierno de Andrés Pastrana y los EEUU, quizás el esfuerzo militar mas ambicioso concebido para la derrota del tráfico de estupefacientes, el balance es de una precariedad casi absoluta. Aparte de los miles de millones de dólares gastados en un país donde  casi la mitad de la población vive en condiciones de pobreza, las miles de muertes entre civiles y militares, los millones de despojados de la tierra, los impactos en la corrupción y en toda la estructura de valores de la sociedad y los irrecuperables daños ocasionados al ecosistema por la tala de bosques y las fumigaciones no podrán justificar una estrategia así ella hubiese sido exitosa. La cruda realidad viene demostrando que el mercado de estupefacientes en muy poco se ha modificado y su negocio no ha dejado de ser, si no el más, uno de los más lucrativos.

En un ambiente global matriculado con la guerra a las drogas desde planteamientos moralistas y de salud pública, no muy bien fundamentados, la iniciativa de los expresidentes Gaviria, Cardoso y Zedillo de atreverse a proponer cambios en la estrategia de combate al narcotráfico no deja de ser, aunque pequeña, una ventana que se abre para que Colombia, que ha sufrido como ningún otro país sus abominables efectos, se sacuda de la coyunda del norte e intente un acercamiento a este problema de manera más creativa y autónoma. El documento producido por la Comisión Global de Drogas y firmado por personalidades como los expresidentes Fernando Enrique Cardoso, Ernesto Zedillo, César Gaviria, Kofi Annan y Javier Solana, entre otros, revela que se viene ganado un consenso importante en el mundo sobre la necesidad de dar un giro en el cual el Gobierno Colombiano, si bien no se suma, abre la posibilidad de relativizar el asunto al admitir por lo menos que los resultados no han sido buenos, lo cual significa un cambio nada despreciable.

Pero si bien estos cambios se vienen dando en estos espacios, lo que aún hoy resulta inexplicable es el silencio, no de ahora sino de siempre, que al respecto ha tenido el movimiento de derechos humanos y de paz. Y este silencio resulta más significativo por los efectos de esta guerra que ya fueron señalados con anterioridad. El narcotráfico y sus implicaciones en la guerra que actualmente vive la sociedad colombiana, que no cesa de victimizarla y violentar los derechos humanos fundamentales, sigue siendo un tema marginal que sólo se trata de manera general y pareciera que no fuera con ellos. Sin duda es una omisión que no debe continuar y debería, por el contrario, ocupar un lugar relevante en las agendas que desde distintas perspectivas se viene construyendo en materia de paz, seguridad, derechos humanos y reconciliación y en los debates que se vienen adelantado desde distintos escenarios.

La tarea no es fácil e implica riesgos de todo orden, pero la verdad es incontrovertible: no podremos hablar de una paz sostenible, aún así contemos con una negociación con la guerrilla, si no hemos resuelto el tema del narcotráfico por mecanismos distintos a la estrategia unívoca de la guerra y no hemos, por lo menos, neutralizado sus efectos corruptores en la sociedad y en ello, a los movimientos sociales nos asiste un papel relevante.

 

José Girón Sierra (*)

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Las ideas aquí planteadas no comprometen la opinión del Instituto Popular de Capacitación (IPC), que las difunde dentro de su política de pluralismo y libertad de expresión

Comments

Please login to post comments or replies.
Actualizado ( Jueves, 09 de Junio de 2011 16:47 )  

Etiquetas