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“El
terrorismo no es el gran tema del continente”, dice con el énfasis
que lo caracteriza el Canciller de la República Bolivariana de
Venezuela, Nicolás Maduro. Para el jefe de la diplomacia
venezolana, los grandes temas de América Latina tiene que ver
con los derechos a la salud, a la alimentación, al empleo, a
la educación y a la seguridad energética de las
mayorías.
El
tono de sus afirmaciones tiene un dejo de crítica que
cuestiona la tendencia del discurso del gobierno colombiano que
siempre aprovecha los escenarios internacionales para hacer
referencia al terrorismo y a extender solicitudes de ayuda para
superarlo. La XXXVIII Asamblea General de la Organización de
Estados Americanos (OEA), realizada en Medellín, Colombia, y
que este martes llegó a su fin no fue la excepción.
El
tema lo inició el canciller colombiano Fernando Araujo durante
un foro por el 60 aniversario de la OEA realizado el sábado 31
de mayo en la Universidad Escuela de Administración y Finanzas
(Eafit): “necesitamos, esperamos y confiamos que en América
seamos capaces de asumir el mismo compromiso para poder acabar con la
lacra del terrorismo que tanto daño le ha hecho a Colombia".
El
tema fue retomado al día siguiente por el presidente Álvaro
Uribe Vélez el domingo pasado, durante su intervención
en la instalación de las sesiones del organismo multilateral
de las Américas: “Pedimos a los países hermanos
considerar que en una democracia como la colombiana no procede
reconocer estatus de beligerancia a grupos terroristas financiados
por el narcotráfico”.
Al
respecto, Maduro toma distancia y reitera su posición: “es
mentira que el terrorismo sea el tema esencial de la región”.
En conversación con la Agencia de Prensa IPC al final de las
sesiones ordinarias de la Asamblea y antes de la clausura, el
Canciller de Venezuela señala que los temas sociales vitales
para la vida cotidiana de los millones de habitantes de América
Latina y el Caribe son los verdaderamente importantes.
“Suramérica
es sí es un continente que tiene grandes posibilidades si se
integra en lo energético, lo alimentario, en lo social, para
avanzar en la superación de la pobreza”, señala el
alto funcionario.
Sus
apreciaciones no sólo reflejan cuestionamientos a la posición
colombiana; también intentan resaltar la agenda multilateral
que se viene construyendo en la Unión de Naciones
Sudamericanas (Unasur), creada el 8 de diciembre del año
pasado y un escenario regional que contrasta con el de la OEA, donde
persiste una alta injerencia de la política exterior de
Estados Unidos.
Por
eso ve con malos ojos todo aquello que provenga de Estados Unidos,
pues considera que el gobierno de ese país busca
desestabilizar los progresos de América Latina. “Sabemos que
estamos en un conflicto histórico de rupturas de un viejo
esquema de dependencia y subordinación que tuvo sometido a
todos nuestros países”, explica.
En
la perspectiva de Maduro, América Latina es un continente
“soberano, democrático, despierto, activo. Ese es el gran
optimismo que nos mueve a nosotros”, por ello fustiga la posición
de los representantes del gobierno norteamericano sobre su país,
que ha conducido a ambas naciones a una constante confrontación
política en todos los escenarios en los que coinciden, como
éste de la OEA.
“Hemos
buscado la libertad y la independencia por la vía política,
por la vía pacífica, por la vía democrática,
y hemos enfrentado a la elite norteamericana en todos los terrenos,
incluyendo estos escenarios. Nos han querido condenar durante seis
años en la OEA y no lo han logrado”, expresa Maduro.
En
esta XXXVIII Asam blea de la OEA la discusión entre los dos
gobiernos no pudo faltar. A juicio de Maduro, esta vez la inició
el subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Jhon Negroponte,
quien en rueda de prensa el lunes pasado aseveró, entre otras
cosas, que “yo no creo que exista duda de que las Farc han buscado
refugio en territorio venezolano”.
La
postura de Negroponte, fuertemente criticada por Maduro, tiene una
explicación de fondo: El Canciller venezolano asocia las
declaraciones de Subsecretario norteamericano con la foto que en la
mañana de ese lunes se había tomado con su homólogo
colombiano durante una reunión de trabajo.
“Ellos
(Estados Unidos) no pueden entender ni pueden aceptar que los
gobiernos de Colombia y Venezuela nos sentemos a hablar y
regularicemos las relaciones. Negroponte vino ayer (lunes) a la
Asamblea calladito, la palabra Venezuela ni la nombró, pero
cuando vio la foto del saludo del canciller colombiano y mi persona
salió desesperado a dar declaraciones”, cuenta Maduro.
Respetar
soberanía
El
proyecto de la República Bolivariana de Venezuela se sustenta,
según el Canciller, en la ruptura de dependencias políticas,
ideológicas, culturales y económicas, y califica la
democracia de su país como “absolutamente soberana, sin
injerencias de nadie”.
Tal
postura no sólo lo lleva a cuestionar las políticas
exteriores de Estados Unidos sino a considerar inaceptable la
propuesta de revaluar la soberanía de la región que
lanzó el canciller colombiano un día antes de la
instalación de las sesiones de la Asamblea de la OEA sobre la
base de que “es necesario mirar una soberanía con un aspecto
mucho más amplio, que incluya la seguridad para todos los
ciudadanos, seguridad integral del ser humano, más allá
del concepto de soberanía territorial".
El
canciller Maduro reacciona a esa idea: “Le dijimos al Canciller
Araujo que esos conceptos son muy peligrosos”. Sus argumentos
apelan a las mismas ideas del jefe de la diplomacia colombiana y no
vacila en advertir que la aplicación del concepto de
“soberanía integral” podría afectar a Colombia,
“pues abriría la puerta para que cualquier país del
mundo que considere afectado su interés acuda a esa doctrina y
acabe con un principio sagrado como lo es la soberanía
territorial”.
La
propuesta del canciller colombiano lo lleva a preguntarse por los
costos de la defensa de la soberanía a través de la
historia de América Latina: “¿Cuánta sangre ha
costado el principio de soberanía territorial, política,
estatal, en nuestros países? Sería volver a la tierra
sin ley”, responde con vehemencia y agrega que el principio de
soberanía “es justo, correcto y, además, tiene que
ser respetado por todos, es una garantía de la paz, regional y
mundial”.
La
discusión sobre la soberanía tiene relevancia hoy dada
la ruptura de relaciones diplomáticas entre los gobiernos de
Quito y Bogotá, suspendidas por Ecuador el 3 de marzo,
precisamente a raíz de la incursión realizada dos días
antes por militares colombianos a ese país para atacar un
campamento de la la guerrilla de las Farc ubicado en territorio del
país vecino, donde perdió la vida Raúl Reyes,
segundo al mando de ese grupo subversivo.
Las
relaciones entre ambos países aún no se resuelven,
durante la Asamblea de la OEA fue poco lo que se avanzó en el
tema y la canciller ecuatoriana, María Isabel Salvador,
explicó ante los medios de comunicación que primero “es
necesario trabajar en
el proceso de la recuperación de confianza perdida por parte
del Ecuador en Colombia antes de restablecer
relaciones”.
Dejar
los computadores
Al
sugerirle el tema de los computadores portátiles hallados en
ese campamento, cuya información al parecer compromete al
gobierno del presidente Hugo Chávez con la guerrilla
colombiana, Maduro se muestra sorprendido por la facilidad con la que
las autoridades colombianas sacan información para involucrar
a su país.
“No
puede ser que un computador, todos los días, emita un correo
distinto que es titular de prensa y cada vez crea más
problemas entre nuestros países”, dice el canciller
venezolano. La intención de lo que él llama “intrigas”
es llevar a Colombia y a Venezuela “a un gran conflicto”.
Y
la realidad es que tales computadores han alterado las relaciones
binacionales, al punto que en el escenario de la OEA sólo hubo
expresiones de buenas intenciones entre Colombia y Venezuela, sin que
se vislumbrara una solución al corto plazo.
“Nuestras
relaciones pudieran ir mejor, estamos dispuestos a mejorar las
relaciones acelerada y ampliamente”, reconoce Maduro, pero pone una
condición: se debe ceder a la tentación de convertir el
computador en el centro de la política internacional de la
región y bilateral.
“No
puede ser que un computador que escribe desde ultratumba, al cual le
hacen correos a la carta, sea el centro de la relación entre
los dos país”, ironiza el Canciller, sin dejar de reconocer
que se puede hacer más para que, en algún momento,
“podamos restablecer los niveles de confianza y de trabajo
conjunto. Creo que es posible”. Fotos: cortesía
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