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Medellín abre debate sobre futuro del proceso de reinserción de las Auc Imprimir Correo electrónico
09/04/08

Justamente la ciudad que diseñó un modelo de reinserción urbana para los integrantes de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), considerado como exitoso en el país y en el extranjero, ahora plantea un debate profundo sobre su futuro, en términos de comenzar a pensar en sus límites temporales, ya sean de aplicación gradual o de manera inmediata.

Son ya poco más de cuatro años los que lleva el proceso de reinserción liderado por la Alcaldía de Medellín al cual se le han invertido más de 42 mil millones de pesos en los distintos programas de atención a los desmovilizados.

Iniciado en noviembre de 2003, con la dejación de armas de 863 hombres y mujeres del bloque Cacique Nutibara, y engrosado con cerca de 2.100 integrantes del bloque Héroes de Granada, cuya desmovilización se dio en agosto de 2005, la administración local ha defendido sin miramientos este proceso, dados sus buenos resultados en materia de seguridad y convivencia, y a pesar de la falta de coherencia con el Gobierno nacional en el diseño de políticas claras al respecto.

El alcalde Alonso Salazar ha planteado en diversos escenarios públicos y privados que es necesario ir “cerrando” el proceso de reinserción liderado por la Alcaldía de Medellín con poco más de 4.000 desmovilizados de los bloques Cacique Nutibara, Héroes de Granada, Calima y Pacífico de las Auc que operaron en la capital antioqueña, así como en diversos municipios del Valle de Aburrá, el Oriente y el Nordeste del departamento.

La idea expuesta por el mandatario local es “cerrarlo” por dos caminos: el primero es continuar acompañando a aquellos hombres y mujeres que optaron por la legalidad hasta graduarlos y lograr que dependan de sí mismos; el segundo es judicializar a quienes permanecen en la ilegalidad y desaprovecharon la oferta del Estado para reinsertarse a la legalidad.

La apertura de esta discusión ha coincidido con los hechos ocurridos durante los últimos meses en la ciudad, centrados en escándalos que involucran a reinsertados que acabaron presos o asesinados y en infiltraciones del narcoparamilitarismo en la Fiscalía y en la Policía, así como en el incremento los homicidios en la ciudad, cercano a un 18% con respecto al año pasado.

Si bien el proceso ha sido mostrado a Colombia y al mundo como exitoso en términos de sus logros, desde distintos sectores sociales, tanto nacionales como internacionales, se ha cuestionado el hecho de haber sido una desmovilización parcial y no haber evitado que se le arrebatara el monopolio de la criminalidad a los líderes paramilitares, quienes persistieron en mantener controles sociales en los barrios, acompañados de intimidaciones, asesinatos, cobro de extorsiones, manejo de negocios ilegales y vínculos con el narcotráfico.

A estas apreciaciones, la administración del entonces alcalde Sergio Fajardo respondió que quienes le hicieron trampa al proceso sólo era un 10% de los desmovilizados paramilitares, lo que equivaldría a decir que por lo menos 400 personas continuaron en actividades ilegales. Alonso Salazar ha sido más crítico al respecto: en declaraciones divulgadas por una revista de circulación nacional, el mandatario afirma que ese porcentaje aumentó al 20% y por eso plantea la necesidad de ir cerrando el proceso.

Al respecto, especialistas en el tema consultados por la Agencia de Prensa IPC recomendaron que es necesario dar pasos seguros sobre aquellas decisiones que se tomen en relación con el proceso de reinserción, pues cualquier modificación improvisada podría traer graves consecuencias locales, regionales y nacionales.

Con precaución

Alonso Cardona, director de Conciudadana, organización no gubernamental que ha estudiado el proceso con perspectiva regional, destaca el liderazgo que ha tenido la ciudad para adelantar un proceso de reinserción y la inversión de recursos en programas específicos para los desmovilizados de las Auc, convirtiéndolo en modelo para el resto del país.

Medellín ha sido considerado el programa estrella, el ejemplo para el país; por ello creo que hay que dar pasos muy bien dados para tomar decisiones”, considera Cardona, dado que la población desmovilizada es “altamente vulnerable al delito”, en particular a factores como el narcotráfico y la conformación de bandas delincuenciales organizadas.

Además, agrega en su análisis, que las decisiones que tome la Alcaldía de Medellín no sólo tienen efectos en la capital antioqueña sino en diversas subregiones del departamento, de donde provienen muchos de los desmovilizados paramilitares.

Ellos si vinieron para Medellín porque había programas y beneficios; además, aquí había cierto control de esa población, si eso se acaba por ejemplo, se verán obligados a regresas a sus municipios de origen donde no les hacen caso para absolutamente nada. En esa perspectiva, la situación sería muy grave”, precisa el especialista.

Jorge Giraldo, decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Eafit, coincide con la apreciación del Alcalde de Medellín, al señalar que todo proceso de reinserción debe tener algún tipo de horizonte temporal.

Esos tiempos, agrega, no necesariamente deben tener los tiempos dados a los procesos adelantados durante los inicios de la década del 90 con las guerrillas del M-19, el Ejército Popular de Liberación (Epl), la Corriente de Renovación Socialista (Crs), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y el Quintín Lame, cuyo cierre oficial se logró, previos acuerdos con el Gobierno nacional, entre los años 2002 u 2003.

En el caso de Medellín se ha establecido un proceso que implica lo que el Programa de Paz y Reconciliación llama la graduación de los desmovilizados, que es cuando terminan sus fases del proceso, ahí se hace una especie de cierre, pero parcial, pues las graduaciones se van dando a medida que los muchachos vayan alcanzando esa meta”, explica Giraldo.

No obstante, este analista opina que el proceso de reinserción habría que terminarlo por un asunto, a su juicio, muy sencillo: “el país, de alguna manera, fracasó en una parte muy importante del proceso de reinserción y es el que tiene que ver con la estigmatización de los ex combatientes”.

Al compararlo nuevamente con los procesos de paz alcanzados durante de la década del 90, Giraldo piensa que esos fueron relativamente exitosos por cuanto la sociedad se abrió a recibir los ex combatientes, pese a algunos problemas durante el proceso de negociación, como la muerte de algunos de ellos y la reincidencia de otros.

Pero en el caso de las Auc es problemático: el 90% de los 4.500 reinsertados que hay en Medellín digamos han respetado el proceso de reinserción, pero siguen cargando encima el estigma de haber sido combatientes. A mi manera de ver, eso es un obstáculo para el proceso, por eso darlo por terminado y permitir la vinculación de estas personas a otro tipo de programas sociales de la Alcaldía puede ser lo mejor”, dice.

Este analista coincide con Alonso Cardona en considerar el narcotráfico como un factor influyente en el destino de los desmovilizados, cuya característica individual, a diferencia de los guerrilleros reinsertados en la década del 90, es su origen urbano y su vinculación a la criminalidad común.

Eso le genera una fragilidad muy grande a este proceso y a todos los procesos que siguen, incluidas las guerrillas”, apunta Giraldo.

Juan Carlos Palau, investigador de la Fundación Ideas para la Paz, recomienda un desmonte gradual del proceso de reinserción, puesto que dentro de los beneficiarios hay personas que se han mantenido dentro de la ley, pero no ha logrado condiciones para lanzarse a la vida ciudadana, lo que, a su juicio, requiere un proceso de análisis individualizado.

Además, insiste en que ya es el momento de priorizar otros sectores sociales, entre ellos el de las víctimas de la violencia, “que también requieren apoyo y atención”.

Agrega Palau que cualquier decisión que se tome debe considerar seriamente el efecto que ello tendría en la seguridad urbana, dadas las características de los desmovilizados y la influencia de actividades como el narcotráfico, tal como lo han advertido Cardona y Giraldo.

Por último, el investigador sugiere que se contemple la posibilidad de que las decisiones y medidas que se tomen sean discutidas de manera colectiva y políticamente sustentadas, y no una decisión administrativa cuya responsabilidad sea exclusiva del Alcalde: “habría que tomar precauciones para involucrar a distintos sectores sociales, políticos y empresariales, para entender el alcance de la decisión”.

Así como Medellín marcó un camino de intervención con los ex paramilitares de las Auc que dejaron sus armas, ahora está planteando las maneras de ponerle fin al proceso. El debate esta abierto.

 
 
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