La pregunta la hace Vince McElhinny, gerente de programas
para Latinoamérica del Bank Information Center (BIC), quien estará presente en
la ciudad de Medellín, Colombia, entre el 25 y 30 de marzo en calidad de
conferencista invitado a la Asamblea de los Pueblos: BID 50 años financiando la
desigualdad, evento alterno a la 50º Asamblea Anual de Gobernadores del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) que sesionará entre el 27 y el 31 de marzo en
esta ciudad.
Para el académico norteamericano, los altos índices de
pobreza e inequidad en América Latina y el Caribe, sumados a los pocos avances
en materia de seguridad social y la insatisfacción de necesidades básicas en
buena parte de la población, constituyen evidencias más que sólidas que
demuestran “el fracaso” del BID.
“Si el BID dice que no es así, pues me gustaría que lo
demostraran. Ninguna evidencia puede demostrar que luego de 50 años de
funcionamiento y 200 mil millones de deuda pública de los países ha impactado
de manera positiva en términos de cambiar el patrón de desigualdad en la región
y esto es verificable con muchos datos empíricos”, sostiene McElhinny, quien
añade que este año, justo cuando se cumplen cinco décadas de la creación del
organismo multilateral, se hace más urgente revisar el modelo de desarrollo que
viene financiando el Banco.
Gracias a su experiencia de más de una década en el BIC,
organización norteamericana que desde hace 20 años sirve de interlocutora de
sus similares de los países en vías de desarrollo ante el Banco Mundial y otras
instituciones financieras internacionales, a fin de promover la justicia social,
económica y la sostenibilidad ecológica, McElhinny es considerado una voz
autorizada a la hora de analizar los impactos que han generado las políticas y
los préstamos de la banca multilateral en el desarrollo de los países
latinoamericanos y del Caribe.
Precisamente durante su participación en la Asamblea de los Pueblos, este académico sustentará
a través de diversos estudios cómo el BID ha fracasado en el cumplimiento de su
mandato, que no es otro que promover el desarrollo y disminuir la pobreza y la
inequidad en la región. Y además, pedirá explicaciones sobre por qué el BID
perdió 100 veces más que otros bancos multilaterales en la actual crisis
financiera por invertir en bienes que en Estados Unidos son llamados “tóxicos”,
es decir, bienes respaldados en hipotecas. “Debería haber una rendición de
cuentas donde expliquen por qué perdieron tanta plata y por qué merecen ser un
Banco de liderazgo para la región”, dice.
Vince McElhinny dialogó con la Agencia de Prensa IPC y ahondó
no sólo en sus apreciaciones sobre lo que ha significado para América Latina y
el Caribe la presencia de un banco del desarrollo como el BID, sino en la
situación actual del organismo y su futuro en la región.
¿Cómo evalúa la
gestión del BID tras 50 de funcionamiento?
“Su mandato es entregar desarrollo a la población de
Latinoamérica y lo que evidencia, 50 años después de haber asumido esa
responsabilidad, es una región que tiene casi los mismos niveles de pobreza,
los mismos niveles de inseguridad social y hasta inferiores niveles de
distribución de ingresos. Este indicador, que es central para su función, ha
sido un fracaso total”.
Sin embargo, durante
la 50º Asamblea Anual de Gobernadores del BID se presentarán balances que darán
cuenta de cómo se ha promovido desarrollo en la región…
“En 1994, el BID recibió 40 mil millones de dólares de los
países donantes, incluido Estados Unidos, a cambio de promover equidad social.
Pero Latinoamérica sigue siendo la región más desigual del planeta. Si se mira la
distribución de los ingresos, el acceso a servicios de seguridad social, se
puede concluir que el Banco ha fracasado en su capacidad de usar los fondos que
fueron entregados por los países donantes y usarlos en una forma que
disminuyera los altos índices de pobreza en la región”.
Curiosamente otra
visión tiene el Gobierno colombiano, pues considera que con la escogencia de
Medellín como sede de la 50º Asamblea, el BID reconoce un ejemplo de renovación social, urbanística, de lucha contra
la pobreza y la desigualdad...
“Eso es paradójico, pues se convoca la reunión, que
coincide con la celebración de los 50 años, en Colombia, uno de los tres países
más desiguales de la región. Yo pregunto, ¿pero qué es lo que celebramos?”
¿Cómo evaluar
entonces los proyectos financiados por el organismo multilateral en la región?
“Aunque son proyectos de desarrollo, la forma como ha
conducido el Banco estos proyectos, en un marco de políticas ambientales y
sociales débiles o inexistentes, ha generado en muchas ocasiones altísimos
costos sociales y ambientales. Si se evalúa el desplazamiento de poblaciones
como consecuencia de la construcción de megaobras de desarrollo o la distribución
de beneficios de un proyecto financiado por el BID, se concluye que los perjuicios
han sido mayores que los beneficios”.
¿En qué proyectos
financiados por el Banco se evidencia esa afirmación?
“Son varios los proyectos que hemos monitoreado y en los
que hemos participado o intentado participar desde nuestra historia de trabajo
con el BID. Hay proyectos emblemáticos de infraestructura, de privatización, de
modernización del Estado. Está, por ejemplo, la represa Yacireta, en
Argentina-Paraguay; el proyecto Camisea, para la extracción de gas en la Amazonía peruana; y hasta
proyectos que están convocando para la propia Colombia, como la carretera
Pasto-Mocoa. Todos indican un patrón: incapacidad para prevenir y mitigar desde
la planeación impactos negativos”.
Si bien las
evidencias planteadas por usted son consistentes, de seguro los gobiernos de
los países presentes en esta Asamblea Anual presionarán por nuevos créditos...
“Esto se va a discutir a profundidad en Medellín.
Formalmente, el Banco ha solicitado una nueva reposición de fondos, con el
argumento de que la falta de liquidez en la región merece que instituciones
como el BID jueguen un rol más fuerte y respondan a la falta de crédito y a la
falta de inversión”.
Es decir, nuevos
préstamos para afrontar la crisis económica mundial…
“Nuestro punto de vista es que los gobiernos deberían
tener un poco más de cuidado en solicitar reservas para enfrentar los efectos
de la crisis económica. Creemos que antes de pedir más deuda, debemos examinar por
qué los plazos, las operaciones y la deuda acumulada a través del BID y otros organismos
multilaterales no sirvieron para blindar a estos países frente a la crisis”.
Y este contexto de crisis
económica mundial, ¿no se convierte precisamente en un escenario ideal para comenzar
a plantear reformas al interior del BID?
“Es una coyuntura realmente importante para examinar qué
hemos logrado con los fondos que antes se le dieron al BID, mirar por qué no
hemos logrado más y creo que antes de esperar que el BID sea el mecanismo de
liquidez en la región, quizás debemos considerar otras alternativas”.
¿Y cuáles pueden ser
esas alternativas?
“Yo creo que en cualquiera de los países de la región hay
fondos que no han sido captados o reorientados para atender un poco las
necesidades de inversión. Es un poco el indicador de la desigualdad en
Latinoamérica: que hay fondos, inversión en potencia, pero que no son
conducidos por parte del Estado o falta mayor capacidad para orientar la
inversión del sector privado”.
Pero precisamente el
argumento para acudir a los préstamos del BID es que las economías de los
países no generan los suficientes recursos para inversión…
“Yo sugiero que en muchos de estos países sí hay plata que
se puede orientar de una forma distinta. Lo que pasa es que a veces se busca el
exceso de fondos gracias a las ofertas de los bancos multilaterales y quizás ésta
no sea una buena opción. No se ha analizado cuáles son los factores que inciden
en la volatilidad de las economías de estos países y en esto está incluido Estados
Unidos. Aquí estamos enfrentados a la pregunta de dónde y cómo debemos usar
fondos públicos antes de acceder a nuevos préstamos, a nuevo endeudamiento.
Este mismo debate se debe dar en Latinoamérica”.
¿Los gobiernos de
los países latinoamericanos sí están dando ese debate, si están repensando sus
relaciones con el BID?
“La posición de los países de Latinoamérica en cuanto a su
participación en el BID es ambivalente. Hay momentos en los que se escucha
criticas, pero hay otros momentos, caso particular del Ecuador, en el contexto
actual, donde acuden al BID para atender necesidades de inversión. Es decir,
por un lado se critica, pero tampoco se están pidiendo grandes cambios en la
estructura del organismo. Hay diferencias de opinión, no hay consensos y quizás
esto no ha permitido una demanda mucho más coherente y clara de parte de los
países de la región”.
¿Cuál es la
expectativa de las organizaciones sociales del continente frente a esta Asamblea
que se realizará en Medellín?
“Creo que se debería comenzar con una rendición de
cuentas, pues el Banco tomó decisiones no muy pertinentes que lo llevó a perder
mucha plata y ahora quiere presentarse como respuesta a la crisis financiera de
la región. Hace falta mucha información y evidencia de por qué el BID merece
ser una institución de liderazgo. Entonces, hay que esperar que el propio
Gerente del Banco responda estos interrogantes antes de considerar que esta
institución merece más apoyo”.