Alias don Berna dilata participación en Justicia y Paz
04/07/09
La decisión que tomó el confeso narcotraficante y jefe
paramilitar Diego Fernando Murillo Bejarano de comparecer nuevamente al proceso
de Justicia y Paz sólo hasta después de que sea condenado en Estados Unidos no
sólo desatiende el plazo de 45 días que le dio un juez federal norteamericano
el pasado 4 de marzo para atender a los fiscales colombianos desde su sitio de
reclusión en ese país, sino que dilata aún más su versión sobre el proyecto
paramilitar que imperó en diversas regiones del país por más de 20 años.
La
determinación de alias don Berna fue dada a conocer el pasado viernes por el
Fiscal General de Colombia, Mario Iguarán Arana, luego de una reunión que ambos
sostuvieron en la Metropolitan Correccional Center de New York, a donde fue
conducido el narcotraficante y jefe paramilitar tras su extradición el 13 de
mayo de 2008. Allí aguarda la audiencia de condena, programada para el 22 de
abril próximo, por el delito de conspiración para enviar cocaína a Estados
Unidos.
Al
respecto, el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), a
través de una carta enviada al abogado Diego Álvarez, conmina a Murillo
Bejarano y a su defensa a que aporten de manera seria y eficaz a la verdad, la
justicia y la reparación integral en Colombia.
“Esta
real contribución debe servir para develar los sectores gremiales, políticos y
militares que hicieron del paramilitarismo un modelo de control social,
organizado con la finalidad de promover una contra reforma agraria y
profundizar un modelo económico
excluyente”, precisa el Movice.
La
misiva también indica que el derecho de las víctimas no puede estar supeditado
a que alias don Berna sea convocado por la Unidad Nacional de Justicia y Paz de
la Fiscalía General de la Nación a versión libre, pues, según el Movice, alias
don Berna tiene la posibilidad de acudir a otros instrumentos, como las
declaraciones juramentadas paraaportar
al esclarecimiento de la verdad.
“Invitamos
a Diego
Fernando Murillo Bejarano y a su defensa a desistir de su estratagema de dilatar el aporte a la verdad, la justicia y
reparación integral que reclaman las víctimas, y por el contrario los
convocamos a contribuir eficazmente al esclarecimiento de los delitos de lesa
humanidad cometidos por los bloques que comandó”, expresa el Movice.
Ante
la decisión tomada por alias don Berna, cabe preguntarse entonces por las
verdaderas intenciones del capo del narcotráfico y jefe paramilitar: ¿a qué
realmente le apunta con postergar su continuidad en el proceso de Justicia y
Paz a la espera de la sentencia condenatoria?
Con
esa estrategia de dilación, Murillo Bejarano estaría buscando que su
participación en el proceso de Justicia y Paz, a través del cual se juzgan a
los paramilitares que se acogieron a los acuerdos de desmovilización con el
Gobierno colombiano, sea tenida en cuenta por la justicia de Estados Unidos
para negociar posteriores rebajas de pena.
De
otra manera no se entiende su decisión, pues tal como quedó consignado en el
acta de audiencia especial celebrada el 4 de marzo en la Corte del Distrito Sur
de New York, su abogada Margaret Shalley solicitó un aplazamiento de la
audiencia de sentencia por 60 días para que, según ella, su defendido pudiera “seguir
adelante y cumplir con los fiscales colombianos” en las audiencias de versión
libre a las que debe comparecer si quiere obtener los beneficios jurídicos
estipulados en la Ley 975 de 2005, que establecen una pena alternativa máxima
de 8 años para aquellos que cuenten la verdad y reparen a sus víctimas, pero el
juez Richard M. Berman, del Distrito Sur de New York, sólo les concedió 45
días.
En
su momento, la Fiscalía norteamericana se opuso a que el juez postergara la
audiencia de sentencia, tras considerar que si en tres años alias don Berna no
había comparecido de manera relevante a las audiencias de versión libre en el
marco del proceso de Justicia y Paz, menos podría hacerlo en ese corto tiempo.
Diego
Álvarez, quien asiste a Murillo Bejarano en el proceso de Justicia y Paz,
sostiene que los 45 días otorgados por el juez Berman servirían para establecer
los mecanismos que le permitieran a su defendido continuar aportando su
testimonio en Colombia. “Se trata de establecer unos mecanismos para continuar
realmente, porque hasta el momento no existen”, asegura el jurista.
No
obstante, no trascendió a la opinión pública si esos mecanismos técnicos fueron
tema de conversación entre el Fiscal General Mario Iguarán, las autoridades norteamericanas
y alias don Berna en la visita realizada a ese país la semana pasada.
Murillo
Bejarano ha sido particularmente esquivo en dar detalles sobre su
responsabilidad en la conducción de los bloques paramilitares Cacique Nutibara,
Héroes de Granada y Héroes de Tolová, así como desde su condición de Inspector
General de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) y los posibles acuerdos
políticos y económicos que fortalecieron no sólo sus propósitos
contrainsurgentes, sino sus intereses económicos, incluido el negocio del
narcotráfico.
De
hecho, ha reconocido desde Estados Unidos que no ha dicho ni el 10% de todo lo
que sabe. Una verdad que esperan por lo menos 13.000 personas que han sido
registradas como víctimas de su accionar paramilitar en la segunda ciudad de
Colombia.
En
las cinco de las 16 versiones a las que concurrió antes de que fuera
extraditado el 13 mayo de 2008, se dedicó a hablar generalidades de su accionar
paramilitar, atribuyendo muchas acciones a integrantes de esa organización
criminal ya muertos, entre ellos a Carlos Castaño Gil, quien fuera el vocero
político de las Auc.
Pese
a su aparente voluntad de colaboración con el proceso de Justicia y Paz, la
decisión de alias don Berna tiene un tono más de condicionamiento que de real
disposición, pues requiere conocer primero la condena que le impondrá el juez
federal, que ha sido estipulada en un rango entre 324 y 405 meses. Al respecto,
la Fiscalía norteamericana ha solicitado que se le imponga la pena máxima,
equivalente a 33 años y 7 meses; en tanto la defensa ha pedido la pena mínima
dentro del rango, es decir, 27 años.
La
dinámica de la justicia norteamericana permite que una vez se profiera condena,
se inicien una serie de negociaciones que logren sustanciales reducciones de la
sanción penal. Tal parece entonces que el confeso narcotraficante y capo de la
criminalidad del Valle del Aburrá por varios años estaría jugando a dos bandas:
de un lado, a entregar información valiosa de los negocios y sus socios del
narcotráfico en Colombia, que conoce bastante bien. A su favor ya tiene la aceptación
de cargos que hizo el 17 de junio de del año pasado ante el juez Berman.
De
otro lado, a fortalecer su participación en Justicia y Paz, para que sea tenida
en cuenta en posteriores rebajas de la pena en el sistema judicial
norteamericano; además, si se le llegase a condenar en Colombia, su pena podría
ser cumplida en el exterior, tal como lo prevé el artículo 30 de la Ley 975.
En
esencia, la dilación tiene más que ver con una estrategia de negociación en Estados
Unidos que le permitiría pagar penas mínimas y con ello no sólo purgaría la
sanción impuesta por la justicia norteamericana, sino también la pena
alternativa prevista en la ley de Justicia y Paz en Colombia.