Las redes de don Mario: un reto para las autoridades
04/17/09
Si algo se puede deducir del comportamiento de Diego
Rendón Herrera, alias don Mario, era su ambicioso proyecto de convertirse en el
capo de capos de la criminalidad en el país. A sangre y fuego fue extendiendo
sus dominios a lo largo y ancho del país. Y aunque no lo logró, tras su captura
quedan varios retos para las autoridades, uno de ellos es desentrañar las redes
que acompañaron su frustrado proceso de expansión criminal.
¿Qué tipo de redes logró articular este disidente de las
Auc, que nunca se desmovilizó, para alcanzar su posicionamiento criminal en
varios departamentos del norte y el sur del país? ¿Cómo logró avanzar hasta
llegar incluso a disputarle el poder a la llamada Oficina de Envigado en las
propias calles de Medellín?
Investigaciones realizadas por diversas instituciones no
gubernamentales indican que el camino criminal de Rendón Herrera habría
comenzado en la vereda Catalina, del municipio de San Pedro de Urabá, lugar que
mucho antes de las desmovilizaciones colectivas de las Autodefensas Unidas de
Colombia (Auc) se había convertido en la sede del Estado Mayor de esa
organización paramilitar.
Tras la desmovilización del último grupo del bloque Elmer Cárdenas,
liderada por Fredy Rendón Herrera, alias el Alemán, y hermano de alias don
Mario, ocurrida el 15 de agosto de 2006 y finalizado el proceso con las Auc, se
supo que alias don Mario no se había desmovilizado y se perdió de vista.
Meses después, autoridades locales y pobladores del norte
de Urabá reconocían que por allá “se mencionaba la presencia de Daniel Rendón
Herrera, hermano del Alemán”, pero no se evidenciaba que dispusiera de hombres
armados. Un informe de la época precisó que “manejan un bajo perfil. Al parecer
hay estructuras de base; muchos de los desmovilizados hacen vigilancia privada,
tienen armas, están en las fincas y cobran peaje por vigilancia”.
Pero lo cierto era que se estaba fortaleciendo una
estructura de las Auc que quedó de contención tras la desmovilización del Elmer
Cárdenas con el objetivo de evitar que la guerrilla volviera a copar ese
territorio, mantener el dominio en el negocio del narcotráfico, evitar que
otras estructuras armadas se asentaran en sus dominios y, de ser posible,
crecer estructuralmente.
Su propuesta criminal logró atraer a numerosos
desmovilizados de las Auc con experiencia en la guerra que se habían
desencantado del proceso de desmovilización. Muchos de ellos incluso estaban
resentidos con sus mandos superiores por problemas de dinero y estaban incluso
amenazados de muerte. Además, incorporó a su estructura criminal a varios ex
guerrilleros del Ejército Popular de Liberación (Epl). Fue así como comenzó a
hacerse fuerte, a crecer en hombres y en armas, y a proyectar su organización.
Informes del DAS identificaron en esa época en San Pedro
de Urabá, así como en una amplia zona del departamento de Córdoba, una
organización denominada Los Traquetos, el brazo armado de alias don Mario.
Inicialmente dominaron una amplia zona del Urabá antioqueño, luego se fueron
trasladando hacia el sur de Córdoba, donde comenzaron a disputar el territorio
con la llamada banda de Los Paisas, el brazo armado rural de la Oficina de
Envigado.
Pero su estrategia de expansión no tenía en la mira
solamente a Antioquia y Córdoba. Aprovechando los espacios vacíos que fueron
dejando los jefes paramilitares tras su reclusión en las cárceles del país, y
posteriormente extraditados, se fue extendiendo hacia el norte del país: en el
departamento del Magdalena cooptó la estructura armada ilegal que estuvo bajo
el mando de los hermanos Mejía Múnera y llegó hasta la Alta Guajira
En esta zona, hasta hace pocos días, hombres de alias don
Mario se disputaban el control de la Troncal del Caribe con la organización
armada ilegal de Los Paisas, en el territorio que fue en el pasado dominado por
el bloque Resistencia Tayrona, bajo el mando del jefe paramilitar Hernán
Giraldo.
Además, los panfletos del autodenominado Autodefensas
Gaitanistas de Colombia, el proyecto político que intentó construir alias don
Mario, llegaron hasta el departamento de Nariño, lo que demostraría el grado de
expansión que alcanzó.
En Antioquia se aprovechó del traslado de alias don Berna
la cárcel de Combita, en Boyacá, y la anarquía que dejó su ausencia de mando
para iniciar su arremetida a la capital antioqueña y lograr el monopolio de la
criminalidad en la ciudad. Pero se encontró con la oposición de lo que había
quedado de la llamada Oficina de Envigado y el rechazo de algunas bandas
criminales, que a toda costa defendieron sus feudos, donde predomina la
ilegalidad, lo que frustró su propósito de convertirse en el “patrón” de
Medellín.
Pero tal crecimiento no sería posible sin una red que
extendiera sus tejidos, incluso hasta la legalidad. Así lo demuestra el
escándalo que aún rodea el caso de Guillermo Valencia Cossio, director seccional encargado de Fiscalías de Medellín, hoy
detenido y acusado de manipular información para favorecer la estructura de
alias don Mario. Además, actualmente son procesados dos miembros del Ejército,
el capitán Duvan Mauricio Hernández Tabarez, y el suboficial del Ejército
Ronald Hernández Fuentes. Ambos abrían facilitado la retención de 25 jóvenes a
finales de marzo del 2008, enviados al Urabá antioqueño al parecer por Diego
Fernando Murillo Bejarano, alias don Berna, para asesinar a Rendón Herrera.
¿Pero qué ha pasado en otros
departamentos? Poco se sabe al respecto. Si se asume que alias don Mario habría
manejado una estructura criminal de influencia nacional es importante
preguntarse si estructuró su organización de tal manera que obedecía a una
jerarquía vertical, donde él era la máxima autoridad; o, por el contrario,
logró constituir jerarquías regionales, integradas por grupos con autonomías
relativas, pero con líneas de control eficaces que evitaran salirse de su
mando; o simplemente contrató grupos armados ilegales de carácter local,
efectivos en su accionar criminal que en menos de tres años lo llevaron a
constituirse como uno de los capos del narcotráfico.
Tener respuestas claras en ese sentido, podrían determinar
si con la captura de alias don Mario su organización criminal ha llegado a su
fin o, por el contrario, debe asumirse que su responsabilidad ha pasado a otros
mandos, de bajo perfil, expertos en la guerra, que quedaron a la sombra del
proceso de desmovilización con las Auc y que evidenciarían, una vez más, el
fracaso de esos acuerdos con el Gobierno nacional.
Por
ello es importante que las autoridades no se contenten con poner bajo rejas a
alias don Mario y, eventualmente, extraditarlo a Estados Unidos. El trabajo que
se sigue es determinar los nexos de este narcotraficante con la legalidad y
definir responsabilidades. Un crecimiento tan desproporcionado en menos de cuatro
años de una estructura criminal como la que lideraba Rendón Herrera no es
posible si carece de organizadores, intermediarios, seguridad e infiltrados en
la legalidad que garanticen la eficacia de la acciones criminales.