Jóvenes de Usme, al sur de Bogotá, le hacen “Ktharsis” a su realidad social
05/20/09
Los
jóvenes de la localidad de Usme, al sur de Bogotá, encontraron en el cine y la
literatura el mejor medio para resistir pacíficamente las distintas formas de
violencia que históricamente han padecido y de paso, aprender un poco más sobre
los derechos humanos.
Todo
gracias al trabajo de la Organización Juvenil Katharsis, un colectivo creado
hace cinco años por estudiantes universitarios habitantes de toda la vida de
esta localidad, considerada junto a Ciudad Bolívar como de las más conflictivas
de la capital del país, y que busca ofrecerle a la población joven de esta zona
no sólo alternativas para el aprovechamiento del tiempo libre sino también
espacios para la reflexión de sus problemáticas más cercanas.
Katharsis
será una de las expresiones juveniles presentes en el Encuentro Nacional de Experiencias: iniciativas locales por los
Derechos de la Niñez, que tendrá lugar en Bogotá entre el 15 y 16 de mayo, en
el auditorio del Hotel Superior del Parque.
Allí,
los integrantes de este grupo compartirán junto a cerca de 100 jóvenes
afectados por el conflicto armado provenientes de diversas regiones del país el
trabajo que vienen adelantando en barrios como Marichuela, Santa Librada, El
Virrey, Mochuelo, entre otros.
Desde
su fundación, Katharsis se propuso incentivar el hábito de la lectura entre los
menores de edad de estos barrios, como una alternativa de emplear mejor el
tiempo libre. Pero fue la creación de un cine-club, que funciona los fines de
semana y en donde se proyectan películas con temáticas sociales, lo que cautivó
a los jóvenes. La magia del séptimo arte se combina con momentos de lectura y
reflexión sobre el contexto de la localidad, derechos humanos y demás y ahora
es espacio obligado para un buen número de adolescentes, quienes asisten
sagradamente a los ciclos del cine-club.
Para
Camilo Urbano, uno de los fundadores de Katharsis, este cine-club se ha
convertido precisamente en toda una “catarsis colectiva”, pues el espacio
lúdico ha derivado paulatinamente en un sitio de debate sobre las principales
amenazas que a diario se ciernen sobre esta población en este sector de la
capital.
“De
alguna forma este trabajo se ha convertido en algo muy pedagógico, porque
cuando los jóvenes ven una película, ellos se sienten identificados y comienzan
a expresar cosas, a hablar sobre lo que los afecta y que quizás no se sienten
confiados de hacer en otra parte”, dice Camilo.
A
juicio del integrante de Katharsis, espacios para socializar con absoluta
confianza son los que necesita la población juvenil de estos barrios, quienes
además de afrontar una dura realidad social como consecuencia del accionar de
grupos armados ilegales que aún hacen presencia allí, tienen que cargar con el
duro estigma de ser un “muchacho que vive en el sur de Bogotá”.
“Aquí
los jóvenes siempre son estigmatizados y perseguidos”, cuenta Kelly Mejía, otra
integrante de Katharsis. Desafortunadamente, los hechos parecen darle la razón.
A finales del año pasado, una serie de panfletos amenazantes inundaron las
calles de los barrios de Ciudad Bolívar y Usme. En ellos se mencionaba el
inicio de una campaña de “limpiezas social”, dirigida principalmente contra denominados
“muchachos consumidores y atracadores”.
Previo
a esto, la comunidad de ambas localidades ya se había visto afectada por la
situación de los jóvenes desaparecidos en el municipio de Soacha y que fueron
posterior encontrados muertos en Ocaña, Norte de Santander, que desató todo un
escándalo nacional por los llamados “falsos positivos”. El hecho que generó
gran repudio y miedo entre la población menor de edad.
Si
bien no se han vuelto a registrar hechos que lamentar, la tensión aún persiste
en los barrios, principalmente entre los jóvenes. Lo triste, de acuerdo a los
integrantes de Katharsis, es que las iniciativas de trabajo juvenil que ayuden
a mostrar otras opciones de vida a esta población, son vistas en las zonas
periféricas de Bogotá como “subversivas”.
“Aquí
la población juvenil manifiesta que no hay espacios culturales y de discusión
para ellos porque son vetados. Un organización, una persona que trabaje por
ellos en la utilización del tiempo libre, por mostrarles otras cosas, es visto
como ‘subversivo’, y los muchachos se resisten a participar precisamente porque
temen ser señalados”, expresa Camilo.
Paradójicamente,
las localidades de Ciudad Bolívar y Usme son las que más registran iniciativas
de trabajo juvenil en todo Bogotá. Sólo en esta última, la Alcaldía Distrital
tiene registradas 400 organizaciones de trabajo con jóvenes. Para los miembros
de Katharsis, lo anterior refleja que hay todo un movimiento de resistencia
pacífica frente a lo que viene ocurriendo en esta zona de la capital. “Mientras
más se recrudece la situación de orden público, más se fortalece el trabajo
juvenil”, añade Camilo.
Y
todo apunta a que tiende a fortalecerse. Actualmente, varias organizaciones
juveniles de Cuidad Bolívar y Usme viene trabajando mancomunadamente con el fin
de sacarle jóvenes a la violencia por medio de expresiones culturales como el
rap, la danza, el teatro callejero, el cine y la literatura.
Para las organizaciones y para la población
joven en general, este tipo de acciones también tienen otro sentido no menos
importante: mostrarle a la ciudad y al país que Ciudad Bolívar y Usme son mucho
más que hechos violentos que registrar.