arrow Inicio arrow Opinion arrow Una campaña que desafía el marketing político Lunes 6 de Septiembre de 2010



Observatorio Electoral

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Una campaña que desafía el marketing político Imprimir Correo electrónico
05/10/10

Luis David Obando López

Figura atractiva, personalidad magnética; verbo vibrante, discurso mágico, capaz de construir con palabras lo que con hechos tanto cuesta; forma y fondo avasalladores. Todo eso, y hasta más, le pide el mercadeo político actual a un candidato ganador en cualquier competencia electoral. Una lista que se puso de cabeza en la contienda presidencial colombiana en 2010.

Aquí vamos, con más emoción que atención, en un cabeza a cabeza que pone a prueba ya no sólo las capacidades de los equipos de campaña para ubicar a su aspirante en el lote puntero, sino además la precisión de las encuestas. Como en una buena jornada de hípica, la campaña presidencial entró “en tierra derecha” con Antanas Mockus y Juan Manuel Santos en papel de purasangres ganadores, con apuestas grandes a favor de uno u otro y sin definición clara a la vista, por la sencilla razón de que ninguno de los dos es el típico candidato triunfador.

No es sino ver a Mockus: una figura que hubo de ser por décadas la pesadilla de cualquier asesor de campaña; una personalidad excéntrica más propia de figuras alternativas (y, por tanto, minoritarias) que de un líder de masas; un tono de voz somnífero y una forma de contestar preguntas que obliga a contener el aliento a la espera de cualquier desastre… Sin embargo, ahí va, casi en olor de banda presidencial, en medio de una Ola Verde cuya fuerza, no obstante, ya parece haber golpeado la playa y rebotado.

Santos es todo un caso de manual de marketing. Podrá tener más carisma un témpano, pero en una campaña sin personalidades descollantes, el artificio de la publicidad le proyecta lo que no tiene: liderazgo. Una cirugía por aquí, algo de Photoshop por allá, un color adelante, otro atrás, buen archivo de prensa, habilidad para la prestidigitación verbal y mucho de oportunidad de relevo obligado de una imagen ajena, y ahí tiene el respetable público un candidato con buena opción.

Con Noemí Sanín mejor sigamos de largo: no atrae votos sino que parece suplicarlos. Germán Vargas se hunde en el lodo de su propia desesperación. Y Rafael Pardo y Gustavo Petro son candidatos a la antigua: con propuestas finas y buen respaldo partidario, en tiempos cuando los discursos interesantes no son ni oídos porque aburren, y cuando de los partidos, tal como antes se conocían, nadie quiere saber. Dos buenos gallos de pelea para el estilo de los años 80, perdidos en el tiempo y el espacio en la contienda 2010.

Así que la atención está en la punta, y allí ahora puede primar la imagen sobre el fondo. En eso Santos tiene la carta ganadora, y la juega innecesariamente sin escrúpulos: la mano de su gurú de cabecera, Juan José Rendón, se nota con correos electrónicos que ensucian a Mockus, con declaraciones forzadas sobre humos de marihuana y con cuñas publicitarias que falsean la voz del presidente Uribe o esconden al candidato pero al tiempo le ponen en el papel de víctima de la campaña. Como si fuese, por ejemplo, un caído en cualquier falso positivo…

En cuanto a Mockus, tendrá que hacer algo más que surfear sobre la Ola Verde si no quiere terminar revolcado por ella misma. Una opción emergente corre el riesgo de que el halago de las estadísticas adormile la acción electoral: el voto de opinión se puede contentar con el posicionamiento estadístico de la misma opinión, pero de pronto ni llega a las urnas. El reto: traducir el impulso de aceptación en votos.

Quedan tres semanas para los comicios, y ese es un período eterno en campaña. Así que a ajustarse los cinturones, porque la turbulencia puede estar por comenzar. Quién sabe, también como en la buena hípica, si todavía algún ejemplar rezagado agilice el paso y dé una buena sorpresa… Improbable, pero no imposible, como cualquier cosa que pueda ocurrir entre Mockus y Santos ya en el conteo de votos, que es el que realmente cuenta.

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